Por
Anónimo
Viejo se cobra del alquiler
Me llamo Evelyn, tengo 18 años y vivo en un edificio viejo, en el sexto piso, con mi madre. Mi amiga Camila, que vive en el mismo edificio, es mi paño de lágrimas. Ella me anima a escribir sobre mis experiencias, y vaya que tengo historias para contar. Una de ellas es sobre nuestro casero, Don Raúl, un viejo de unos 65 años que cada mes nos cobra la renta. Últimamente, hemos tenido problemas para pagarle, digamos que quiere cobrarse la deuda de otra manera. No sé cómo le irá a Camila con la renta, pero he notado que Don Raúl la visita seguido.
No estaba muy segura de contarles esto, pero lo haré para que algún día recuerde por lo que tuve que pasar. Soy morena clara, mido 1.60m, y vivo solo con mi madre porque mi padre nos abandonó. Estudio enfermería y muchas amigas me dicen que debería ser modelo o azafata, porque, como dice Camila, «todos los chicos de la U te miran el culo», espero que no sea una foto muy provocativa pero ahí les muestro: https://i.postimg.cc/TwFRZvbT/foto1M.jpg .
Todo esto pasó hace casi dos semanas. Era sábado por la mañana. La noche anterior me había puesto una pijama nueva, un poco atrevida, con una abertura en el trasero cerrada con dos botones, o eso creía: https://i.postimg.cc/tC0qkyy5/foto2M.jpg . Me desperté tarde, eran como las 11 de la mañana, y sin darme cuenta de lo que llevaba puesto, salí al tendedero del edificio, en el octavo piso. Ahí fue cuando me di cuenta de que llevaba la pijama de «culo abierto», y que los supuestos botones no se podían cerrar.
Estaba tranquila tendiendo la ropa cuando escuché a alguien subir las escaleras. Era Don Raúl. Me saludó mirándome de arriba abajo, y aunque intentaba disimular, era obvio que ya me había visto el trasero. Intenté que no se diera cuenta, pero él buscaba la forma de mirarme. Avergonzada, bajé a mi departamento y se lo conté a Camila. Ella me dijo: «Evelyn, ese viejo te desea. Apuesto a que se masturba pensando en ti y en ese culazo que te cargas.»
Me hizo pensar mucho, y luego me soltó: «Deberías llamarlo a tu departamento, seguirlo excitando para que se vuelva tu gato o esclavo.»
No sabía si hacerlo, la jugada podría salir mal, pero decidí arriesgarme y lo llamé esa tarde, eran las 3 de la tarde, mi madre no estaba en casa. Llamé a Don Raúl con la excusa de un reclamo del departamento, pero lo esperé en tanguita, solo con una camisa de cuadros encima, de esta forma: https://i.postimg.cc/Pfvf1NGJ/foto3M.jpg .
A los quince minutos llegó. Me puse nerviosa antes de abrir, pero lo hice. Él se asombró al verme y se puso rojo, pero entró al departamento.
—Don Raúl, siéntese, por favor —le dije.
—Gracias, así está bien —respondió, mientras me miraba la entrepierna—. ¿Qué necesita, señorita? ¿Cuál era la urgencia?
Yo solo quería que me bajara la renta, aunque tuviera que mostrarle mi cuerpo a cambio.
Le di la espalda y le dije:
—Señor, mire el techo, está todo rajado, necesito que lo arregle.
—Pero, señorita, eso es normal en casas y edificios antiguos. No veo ninguna rajadura.
—Don Raúl, mire, le mostraré.
Traje una escalera plegable y me subí, con la verdadera intención de mostrarle mi trasero, no el techo.
—Don Raúl, ¿me agarra la escalera, por favor? Me puedo caer —le dije, subiendo con tacones altos.
Le mostré la rajadura, y él, con voz temblorosa y los ojos fijos en mi culo, dijo:
—Eh… Evelyn… sí, está bien, lo haré… haré que lo arreglen.
Después de mostrarle más de lo debido, decidí bajar, pero no había previsto los tacones. Me resbalé y grité:
—¡Ay, Don Raúl, agárreme, ¡por favor!
No sé si fue mala suerte o si él se puso vivo, pero al intentar sujetarme de la cintura, resbaló y en lugar de agarrarme, me bajó el hilo. Caí al sofá con el culo al aire.
—¡Perdón, señorita! Quise sujetarla, pero la mano se me resbaló —dijo.
—No se preocupe, señor —respondí. Era lo único que podía decir, porque no sabía si era verdad lo que decía, pero lo que sí sé es que se fue con una cara de aturdimiento, como hipnotizado al ver mi trasero desnudo.
Había logrado mi propósito. Esperaba haberlo vuelto loquito para que nos bajara la renta del departamento.
Esa noche, Camila y yo salimos a pasear y a comprar al supermercado. Compramos alcohol y bebimos un poco. Mi madre trabajaba de enfermera y tenía turno esa noche, así que no iba a volver. Yo no tenía llave, así que después de beber toda la noche, volvimos al departamento de Camila a las 2 de la mañana y nos acostamos. Al poco rato, escuché un ruido que parecía la puerta. Con la borrachera, pensé que era mi madre, así que salí del departamento de Camila. Vi hacia arriba, porque vivo un piso más arriba, pero para mí mala suerte, la puerta se cerró y no pude detenerla.
Golpeé y golpeé, pero Camila estaba dormida y no me abría. Decidí ir a pedirle la llave a Don Raúl, suponiendo que tenía una copia. No me había dado cuenta de que solo llevaba la pijama que me había prestado Camila: un brasier, una tanga blanca y una blusita larga transparente que apenas tapaba mi culito, ella me había tomado esta foto cuando estaba en su casa apenas durmiendo: https://i.postimg.cc/t4pX05sn/foto5M.jpg .
Eran las cuatro de la mañana cuando golpeé la puerta de Don Raúl. Abrió al instante, como si me estuviera esperando.
—Pero, ¿qué haces a estas horas? Así te vas a resfriar… ¡Evelyn, entra!
Sin pensarlo, entré a su departamento.
—Puedes dormir en mi cama si quieres —me dijo, y con la borrachera que traía, no sé cómo, pero acepté.
Estaba sentada en su casa, pero al poco rato me fui a su cama y empecé a dormirme. Don Raúl entró al cuarto y apagó la luz.
—¿Te puedo hacer compañía? —preguntó.
—Sí, entre nomás, no pasa nada.
Ese fue mi error, darle entrada. Era su casa y su cama, por eso lo dejé.
Pasaron unos treinta minutos. Yo estaba de espaldas cuando noté que se estaba desnudando. Me asusté, pero no dije nada, me hice la dormida. Poco a poco empezó a restregarse contra mí, y en un momento desperté.
—¿Qué hace, Don Raúl? ¿Me quiere manosear o qué? —pregunté.
—Sí, reyna, quiero darte duro por ahí. Desde ayer que te vi desnuda no he parado de pensar en ti.
—Pero no puedo estar con usted, ¿qué va a decir mi madre?
—Mira, ustedes necesitan pagar sus deudas de alquiler. Si me entregas tu culito, les perdono tres meses de renta.
Me quedé atónita. Si le decía que sí, mi madre y yo nos libraríamos de pagar la renta, pero estaba nerviosa. Solo había estado con mi exnovio.
Sin pensarlo mucho, acepté la oferta de Don Raúl.
—Don Raúl, está bien, acepto, pero con una condición —le dije.
—¿Cuál?
—Tres meses de renta y no le menciona a nadie de lo que pasó, ¿está bien?
—Sí, Evelyn, está bien.
Acto seguido, pasó lo que tenía que pasar. Me bajó la tanguita y comenzó a lamer mi culito como si no hubiera un mañana. Yo, por supuesto, me dejé hacer. Pensé que, como muchos chicos, terminaría al minuto.
Pero no fue así. Empezó a penetrarme con cuidado, pero al poco rato ya se movía más y más rápido. Empecé a gemir como nunca, ya no me importaba nada. Entonces, el viejo Raúl me pidió que le hiciera un video, uno en el que estuviera desnuda gimiendo totalmente. Lo complací, el video es este: https://drive.google.com/file/d/1gGtpmEMxl531wMwtkRZ-XwquxSk1p1te/view?usp=sharing .
Amanecí en su casa. Por la mañana, volví al departamento de Camila. Desde ese día, Don Raúl me mira de otra forma, incluso les habla de mí a sus amigos. Cuando paso frente a su departamento, sus amigos se muerden los labios al verme. No sé qué hacer. ¿Será posible que caiga de nuevo en los brazos de esos viejos?
Comenten que les pareció lo que me paso, ¿que hubieran hecho ustedes si fueran Don Raúl?
Qué tal les parece? Saludos.



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