Por
Anónimo
La primera vez que me detonaron el rabo
Bueno, cuento la historia con mi profe de Geografía. Como conté en el último post (el de mis inicios), en la escuela ya tenía fama de zorra y petera. Salía con bastantes chicos, pero hasta ese momento apenas me habían tocado mi intimidad, o era cosa mía con mi amiga. La cuestión es que la materia de Geografía se me daba fatal; no había manera de que aprobara un examen, sobre todo porque era bastante vaga en el colegio y, la verdad, estaba preocupada por otras cosas. En otras materias, incluso, había chicos que me hacían la tarea a cambio de un favorcito, jaja. Pero en Geografía el profe era muy exigente y estricto, y conmigo no parecía haber atajos.
Después del penúltimo examen, me fue tan mal que tenía que sacarme una nota excelente en el último para que el promedio me diera bien. Un poco desesperada, y sin muchas esperanzas, decidí intentar seducir un poco al profe. En mi escuela usábamos unas remeras que se llaman chombas; es una remera con un cuello de polo y una parte con botones en el frente. Un día, después de clase, me desabroché los botones de arriba para que se me hiciera como un escote y me beboteé un poco frente a su escritorio, preguntándole por mi nota con una voz lo más dulce que pude.
Al final, resultó que el profesor me dijo, con una mirada que ya no era la de un profe, que si quería aprobar de verdad, tenía que estar dispuesta a todo. Yo no lo podía creer; era un lindo profe, y al principio todo era como un juego para mí, pero cuando me dijo eso con esa seriedad, ahí sí me dio algo de miedo. La situación se puso real de repente: él estaba dispuesto a cogerme, y el precio de mi aprobado era ese.
Ese día, él me esperó a dos cuadras del cole en su auto. Con el corazón a mil, fui y me subí a su coche. Ahí fuimos directo a su casa. Durante el viaje, me dijo que sabía de los rumores sobre mí en la escuela y, sin más, me hizo agacharme y hacerle un pete mientras manejaba. Yo, nerviosa y excitada al mismo tiempo, se lo hice, sintiendo el vaivén del auto y el sabor de su verga en mi boca.
Cuando llegamos a su casa, no bien entramos en el comedor, me hizo arrodillarme y seguir con el pete, pero ahora más profundo. Me controlaba la cabeza con sus manos, marcando el ritmo, y entre gemidos me dijo que era una excelente chupavergas. A mí, en el fondo, me encantó que me lo dijera; me sentía una zorra, pero una zorra muy buena en lo suyo. Después de eso, la cosa se puso más intensa.
Me hizo ponerme de pie y me volteó contra la pared. Con manos expertas, me bajó el pantalón del instituto y me dejó solo en tanga. Ahí me preguntó, rozándome con su cuerpo, si ya había entregado la cola alguna vez. Yo, temblando, le dije que no. Él me susurró al oído que entonces me iba a romper el culito por primera vez. Yo estaba super mojada, el miedo y el morbo se mezclaban. Primero me metió los dedos en mi conchita y me masturbó un rato, haciéndome gemir sin control. Después, con los dedos bien mojados de mis jugos, me lubricó el culito y hasta me escupió ahí para asegurarse.
Despacio, muy despacio, me empezó a meter la cabeza de su pija. Molestaba un poco, la presión era rara. Estuvimos así mucho rato, con él insistiendo con suavidad pero con determinación, hasta que por fin entró la cabeza. Me dolió un poco, un pellizco agudo que me hizo contener la respiración. Para ayudarme, él volvió a masturbarme con sus dedos mientras, poco a poco, me iba metiendo más. No recuerdo en qué momento exacto, pero en un instante ya me estaba detonando contra la pared por completo. Al principio, el dolor era como un calambre incómodo, pero la verdad es que la masturbación que me hacía con sus dedos ayudaba bastante y yo estaba tan caliente que pronto el placer opacó todo.
Así me tuvo un rato largo, empujándome contra la pared sin pausa. Sin duda, hasta ese momento, fue el hombre que más tiempo me cogió. Para terminar, me hizo volver a arrodillarme y chuparle la pija de nuevo hasta que acabo en mi boca, caliente y espeso. Después de eso, no volví a hacer nada con él, pero cumplió su palabra: me aprobó con un 10 en el examen, y así logré pasar Geografía. Así que, mirándolo en frío, valió la pena que me rompieran el culito por primera vez.
Después de esa experiencia, le conté todo a mi amiga. Ella, lejos de juzgarme, me dijo que le calentaba un montón imaginarme así, con una verga en el culo. Curiosamente, en ese momento no sabía que, un día no muy lejano, ella dejaría de imaginarlo para verlo en vivo: cuando su propio novio me garchó delante de ella, mientras ella se metía los dedos ante la escena. Pero esa, como bien dicen, es otra historia.


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