septiembre 18, 2025

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Cuando ella conoce al macho alpha negro (5)

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Al llegar a las dunas no los veía, había vegetación densa, y cogí el camino.

Al avanzar unos metros oí la voz de Enmanuel.

– Así así muy bien, métela mas así.

Ahí estaba mi mujer de rodillas mamando polla con las manos atrás como le gustaba a su macho, solo boca y lengua, mirándole con cara de zorra a los ojos.

No se dio cuenta ni de mi presencia.

Enmanuel me guiño un ojo y me hico la señal de que no hablara.

– Muy bien putita cómela así, ahora en casa tenemos a mi sirvienta para que estés como mi princesa y tu marido este como un rey.

– También está mi tío, es mayor y no pasa nada, pero le voy a dejar ver como tu príncipe te hace la puta más feliz y tú ya no dirás nada solo si a todo ¿verdad mi puta?

No tenía yo claro este rollo del tío y la sirvienta, y creía que Mirian tampoco, pero al apartarle el del pollon para que respondiera mi mujer dijo:

– Príncipe, yo solo quiero estar a la altura de tus deseos, haré y diré lo que tu desees.

Mirian no sabía que yo estaba allí mirando a tres metros, por lo que sé que lo dijo de corazón y sin cortarse. La volvió a dar de mamar:

– Así me gusta princesa, llénala bien de saliva quiero llenarte y clavártela entera.

Mirian se la clavaba hasta donde podía con ruidos guturales incluidos, la tenía llena de saliva y baba además de líquido seminal.

La aparto de la polla y la levanto subiéndosela encima, apunto el pollon al coñito de mi mujer y la fue bajando hasta enterrárselo.

Mi mujer empezó a botar agarrada fuertemente a la espalda del negro, más de un puño de polla no entraba, la llegaba hasta el útero.

Mirian empezó a empalmar orgasmos unos con otros, gritaba sin ningún pudor.

Las manazas de él amasaban su culo y sus dejos se enterraban en su ano.

Él decía:

– Baja más, bajas más puta, clávala más, clava toda dentro, quiero mi leche muy dentro.

Mirian hacia esfuerzo hacia abajo y quedándose insertada haciendo fuerza le dijo:

– Mi amor no cabe más mira, no me da más el coñito.

El metió sus brazos por debajo de las piernas de ella, y agarrándola de la cadera empezó una salvaje clavada con entradas hasta el límite de su útero y en la última clavada la dijo:

– Toma mi leche negra

Y gritando y bramando, clavándosela a todo lo que entraba empezó a escupir semen que se le salía a mi mujer mezclado con los chorreones de flujo que la corrían por la entrepierna.

La desclavo y sin decir ya nada mi mujer se tiro al suelo a por su ración de leche agarrándosela con ansia y dejándosela reluciente.

El la miró y me miró con ojos de satisfecho, de amo del mundo.

Mi mujer de rodillas a sus pies jugando con la lengua con su capullo, el coño irritadísimo echando cantidad de leche y el negro volvió a dar una vuelta de tuerca a su dominación.

Se dio la vuelta, se abrió los cachetes y la dijo:

– Chúpamelo me has hecho sudar mucho.

Mi mujer agarro su culo, lo abrió y empezó a lamerle la raja del culo y su ano.

– Julio ven, me ordenó

Note la sorpresa de mi mujer, creo que pensó que no estaba yo allí, pero no dejo su tarea.

– Bájate el bañador

Estaba con la polla que me dolía de tanto aguantar la erección.

Se dio la vuelta poniéndose a mi lado, miro a mi mujer y dijo:

– No me extraña que ames a tu príncipe, tu marido con esta polla poco te hace goza. Hazte una paja mientras me la come a mí, cuando te corres avisas.

Y empecé a pajearme delante de ellos mientras mi mujer de nuevo engullía la pitón.

La pellizcaba los pezones, mi mujer de nuevo se encendía, mirándome de vez en cuando allí pajeandome a un metro de ella comiendo pollon.

– Coge la leche de tu coño y úntala en mi polla.

Otra nueva cerdada que me encantaba y a mi mujer también, metía dos dedos y los sacaba empapados con restos. Los rebozaba por el rabo y los engullía de nuevo.

El cabron ya tenía el rabo de nuevo en forma, yo me iba a correr irremediablemente.

– Me corro, que hago dije.

Agarro del pelo a mi mujer y la metió mi polla en su boca.

– No tires ni una gota, pero no la tragues déjala ahí que hay que usar.

Me vacié en la boca de mi mujer que con la boca abierta recibía mi descarga sin tragársela.

Agarro a Mirian y la apoyo de cara a mí. La agacho un poco para dejarla el culo en pompa.

Mi mujer sufría porque no se le cayera mi semen. Y estaba ya con ganas de que se la volviera a follar además sabía lo que venía.

– Ponte leche en la mano un poco y date en el culo y mi polla, te voy a clavar entera y necesitamos leche para más fácil.

Con la mano mi mujer cogió y se dio en el culo y el pollon.

La abrió lo cachetes y la echo un buen lapo.

Levanto la mirada y dirigiendo a los matorrales dijo:

– Venir cerca, quiero que veáis los que es un príncipe y una princesa.

Me quede a cuadros, dos tíos habían estado paseándose escondidos viendo todo el espectáculo.

Se acercaron con las pollas en las manos uno tenía una pollita y el otro no andaba nada mal sobre todo bastante gorda y algo más larga que la mía, eso sí una cara de asquerosos feos de cojones.

– ¿Nos dejas tocar? Le preguntaron.

Mi mujer no hacía ningún gesto, seguía mojándose la mano con mi semen y frotándose el culo y la polla de Enmanuel. Por lo que yo también deje de pensar y me relaje.

– Solo tocas las tetitas y cuando te corres avisas, para que echas en su mano la leche.

Los tíos se tiraron a saco uno con cada teta, Mirian cerro los ojos, se iba a correr aun sin haber tocado polla.

Enmanuel lo noto como yo y dándola tres palmaditas en la vulva Mirian empezó a correrse patas abajo.

Los tíos flipaban se pajeaban a buen ritmo.

Enmanuel me miro diciendo:

– La he dejado correrse porque quiero que siente bien como se la clavo entera, si esta con ganas de correr le duele menos y quiero que la duela.

Agarro con fuerza sus cachetes y los abrió sin ninguna compasión.

Mirian se apoyó en mis hombros para recibir el envite, apunto el capullo y empezó a perforar, centímetro a centímetro iba entrando. Solo clavaba no retrocedía.

Mirian se mordía el labio sudaba como una bestia, la estaba partiendo, solo resoplaba.

– Bien mi princesa ya está la mitad, muy bien.

Uno de los tíos el de la picha corta, aviso que se corría. Enmanuel le ordenó:

– Échatelo en la mano que no caiga

Y el tío se vacío paseándose en su mano, tratando de que cayera lo mínimo al suelo.

– Putita tomate su leche y sigues echándomela en tu culo.

De nuevo me sorprendí, ya no quería pensar, esto era el sumun de la dominación y la sumisión por nuestra parte hasta ahora.

El tío con la mano de cazo se acercó a la boca de mi mujer que abrió y bebió dejándola hay para echarse de nuevo en su mano y llevar todo a su culo.

– Vete le ordeno Enmanuel a lo que el tío se colocó el bañador y se largó.

Volvió a su faena y esta vez metiendo y sacando fue clavándose más y más en mi mujer, hasta que de un empujón fuerte entro entera hasta que los huevos chocaron con su coño.

Mirian hizo un gesto de dolor como queriendo llorar, pero la vez se mordía el labio, gemía y resoplaba.

– Mi amor estoy llena me la metido toda. Me dijo con cara de zorra dolida por lo bajini.

Enmanuel empezó a bombear, primero corto, pero a los dos minutos ya se la sacaba entera y se la clavaba hasta el fondo. Mirian ya dilatada empezó con los temblores y a correrse de nuevo con orgasmos pequeños pero seguidos.

Me la quito de encima y agarrándola de las piernas la levanto dejándola ensartada en su polla hasta el mango.

Agarrada en vilo con las piernas abiertas mi mujer era un rio de flujo.

La puso de cara al otro tío bien ofrecida y ensartada.

– Ven métesela en el coño, le ordenó.

El tío no dudo ni un segundo, se quitó del todo el bañador y la clavo el pollon, teniendo que hacer un verdadero esfuerzo por que Enmanuel la tenía bien llena.

Mirian se agarraba a la cabeza de Enmanuel por detrás, mientras este solo la mantenía clavada y en vilo dejando al invitado que metiera y sacara.

La agarraba las tetas con saña, le hacía chuparle los dedos.

– Nunca en mi puta vida me he follado una zorra que esta tan buen y sea tan puta, decía el cabron, sin par de decir toma puta toma puta a cada embestida.

– Negro quiero que me coma la boca mándaselo.

El muy cabron sabía de qué iba la fiesta.

– Cómele la boca como tú sabes mi princesa, ordeno a mi mujer

Mirian le agarro acercándole y con soez deseo empezó a besarle y lamerle.

El tío la agarró del cuello y la hundió su fea lengua hasta el fondo mientras la retorció un pezón, tan fuerte que se escapó un ayyyy a mi mujer.

Momento que el invitado clavándose hasta el fondo la dijo:

– Toma litros de leche zorra, llevo sin follar un año, aggrrr.

Estuvo escupiendo varios minutos. Mi mujer ya no sabía las veces que se había corrido mientras la perforaban por los dos lados, seguía salidísima con el pollon en su culo y el otro cerdo aun clavado babeándola la boca.

– Quita, le ordeno Enmanuel al tío.

Llevo a Mirian al suelo en cuatro y el en cuclillas y empezó de nuevo la perforación a ritmo frenético.

– Tú, métesela en la boca que le va a limpiar bien, ordeno al tipo

Enmanuel agarro del pelo a Mirian tirándola hacia arriba para poner su boca a merced del guarro, que, con ansia, se la agarro por detrás de los huevos y con el pollon aun duro, impregnado de restos de semen y flujo blanco se la clavo a mi mujer por la boca haciéndola atragantar.

– Muy bien mi princesa límpiasela bien a este cabron.

Y sacudiéndola unas bestiales embestidas hasta los más hondo grito:

– Ahora si puta toma mi leche bien dentro como a mí me gusta.

La agarro sin compasión de las cachas del culo quedándose totalmente clavado, vaciando sus huevos en lo más profundo del intestino de mi mujer.

Mirian seguía mamando la polla del tío, que ya había tornado a su modo reposo.

El flujo la corría entre las piernas, mezclado con los sémenes de los dos machos.

Sin duda con las embestidas de Enmanuel y notar su semen caliente bien dentro la habían hecho correr por enésima vez con espasmos de un orgasmo muy intenso.

Enmanuel saco su manguera del culo de mi mujer.

– Mira Julio como se abre bien un culo blanco, puta ábretelo que lo vea tu marido y vamos que no te lo tenga que decir otra vez.

Mi mujer en el suelo apartó al invitado y andando a cuatro patas se giró hacia Enmanuel que con la polla en la mano morcillona se la dio a tomar.

En esa postura Mirian se llevó las manos a su culo y se lo abrió para yo y el otro tipo viéramos el trabajo.

Nunca se lo había visto tan dilatado, rebosaban restos de semen otras cosas y sangre, la había reventado bien, pero su esfínter estaba bien a pesar del brutal tamaño.

Mirian engullía la polla de Enmanuel, se recreaba limpiándosela, alguna arcada se la escapaba cuando la metía hasta el fondo, pero no cejaba en su tarea.

– Bueno se acabó el espectáculo, tu lárgate. Refiriéndose al invitado

– y vamos para casa princesita, si te quieres correr Julio hazte una paja, la princesa tiene que recuperarse.

Agarro a Mirian del cuello suavemente para levantarla, la morreo intensamente con su bocaza y su lengua y agarrándola de la cintura se dirigieron a la casa que estaba pegada a la arboleda.

Con el calentón y verla andar agarrada a la cintura de él, en pelotas, con el culo y las piernas chorreándoles leche y flujos me provocaba una sensación insuperable de morbo y excitación…
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Continúa..

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