Cuando ella conoce al macho alpha negro (2)
Finalmente… Me dije a mi mismo, venga, para echarnos para atrás siempre habrá tiempo y AlmerĂa está a tomar por culo de Madrid, además no hemos estado nunca.
Marqué el numero:
– ¿Hola? Hola soy Julio, acabamos de vernos por cam.
– Hola Si, yo Enmanuel, no mucho español, 8 meses aquĂ, trabaja enlace de mi paĂs Nigeria con España, consulado. ÂżDo you speak english or french?
Vaya creo que de primeras pensĂ© mal, el tipo era funcionario de su paĂs y hablaba al menos tres idiomas más que yo.
– No solo hablo español, si quieres que nos conozcamos en persona, irĂamos nosotros allĂ a pasar un fin de semana, irĂamos a un hotel y luego tu nos acompañas.
– Bien, tu vienes AlmerĂa, no hotel, yo casa grande en playa, solo mi hermana aquĂ, pero ella se va a Francia semana prĂłxima y yo solo.
– Lo vamos hablando y te decimos, que es muy tarde ya, mañana te llamo y te comentamos, ¿ok?
– Ok. Pero tu trae a tu mujer aquĂ yo hago a ella sentirse puta de macho negro, tu veras como te gusta ver ella bien follada por mi polla, yo muy deportista y sano, mi padre persona importante ONU, diplomático, para que tu tranquilo no piensa tonterĂas, Trae tu bonita mujer, yo quiero mucho follarla y darla mucha leche negra.
Nos despedimos, se sabĂa vender bien a pesar del idioma.
Mi mujer estaba desbocada, no hablamos nada, la agarré y follamos hasta bien entrada la madrugada.
Me despertĂł mi mujer con una mamada:
– Joder como te levantas guarra.
– Sigo pensando en la pitĂłn negra y como escupĂa veneno. Dame el tuyo.
No aguanté, cierto es que come la polla y mueve la mano como nadie.
– Toma tu leche del desayuno zorra.
Me dejo la polla reluciente, se tumbĂł boca arriba, abriĂł las piernas y me dijo, te toca
Me lie a comĂ©rselo, cosa fácil en mi mujer, varias lamidas enteras, lengua en el culo para ensalivar bien, dedo Ăndice clavado apretando hacia abajo en su ano. SucciĂłn de clĂtoris y mini mordisco y boom, empapa mi cara y las sabanas mientras se retuerce acordándose del creador.
Nos levantamos a desayunar, en la cocina ya no me pude resistir más:
– ÂżQuĂ© hacemos preparamos alguna en AlmerĂa?
Me miro con esa cara de estoy deseando, y prudente como siempre me contestĂł:
– ConfĂo en ti, lo que tĂş quieras que hagamos lo hacemos, pero ya no me pregustes más.
En sus palabras estaba claro, aunque me dejaba a mi decidir, ella querĂa que lo organizara.
Y yo como buen marido me puse a ello.
Estábamos en junio, tras dos conversaciones con Enmanuel cuadramos para el último fin de semana de ese mismo mes.
CogĂ un hotel cerca de la residencia de Enmanuel, en una conocida zona nudista, al final le convencĂ que por nuestra tranquilidad lo preferĂa.
Me indicó que la ropa de mi mujer fuera siempre corta, sin ropa interior y que no le gustaba nada las mujeres que se pintaban, que fuese lo más natural posible.
NingĂşn problema en nada de lo que me pidiĂł. Me extrañaba que no me preguntara nada sobre limites, ni cosas que podrĂa o no hacer con mi mujer, pero, en fin.
LlegĂł el dĂa, cogimos el coche y nos pusimos en marcha.
NO hablábamos del asunto, pero tenĂamos tensiĂłn, nervios y ganas a la vez.
SonĂł el wasap de mi mĂłvil mientras conducĂa, una foto con texto. Emanuel en primer plano de polla:
– Te estoy esperando, no he sacado leche en 20 dĂas, Âżestas preparada puta?
Mi mujer me mirĂł con cara de uffff.
– Hola Soy Mirian, llegaremos sobre las 22:00, guárdate la leche para cuando llegue.
– Tranquila Mirian, tengo mucha, no vas a poder tomarla toda. A las 22 estaré en el hotel para ver si estás tan bonita y que veas a tu macho negro.
NO volvimos a sacar el tema en el resto del viaje.
Llegamos al hotel aparcamos y fuimos para recepciĂłn, eran las 22:20, nos avisaron que el señor Enmanuel Aderonke estaba en la cafeterĂa esperándonos.
Dejamos al botones la maleta y fuimos para la cafeterĂa.
HacĂa muy buena temperatura. Yo iba en vaqueros, deportivas y polo de manga corta.
Mirian llevaba falda tejana cortita, unas sandalias abiertas de tacón alto, que realzan su figura enseñando sus divinos pies y una camiseta de tirante blanca, que marcaban perfectamente sus tetas y pezones. Debajo de la falda una tanguita blanco deportivo de algodón. El pelo recogido en una coleta luciendo su sensual y chupable cuello.
Entramos a la cafeterĂa, habĂa mucha gente, cada uno a lo suyo, sabĂamos que el hotel era de ambiente liberal, por eso decidimos ir allĂ.
En la barra mirándonos, sin quitar ojo a mi mujer, Enmanuel, el Ăşnico negro de toda la cafeterĂa, no habĂa duda. Mas alto de lo esperado, 1,90 más o menos, de blanco completamente, camisola de algodĂłn, pantalĂłn igual.
Nos acercamos, me dio la mano, mirĂł a mi mujer, la cogiĂł con suavidad de la cara, me mirĂł diciendo:
– Tu mujer muy mejor en persona, espero no tengas problema cuando ella suplique siempre por este negro.
La rodeó por la cintura con un brazo y sujetándola la nuca con la otra mano la hundió la lengua hasta el fondo de su garganta.
Se me hizo eterno el morreo, me dio apuro, pero al mirar a mi alrededor y ver que a nadie le importaba que ni siquiera miraban, me relajé un poco.
– Vamos a dar un paseo venid.
Y cogiendo a mi mujer por la cintura salimos hacia el exterior del hotel caminando hacia la orilla del mar en la playa.
Enmanuel empezĂł a hablar de cosas un tanto banales, lo que le gustaba este sitio el mar la playa, etc. Mientras hablaba yo me puse un pelĂn atrás, iba magreando el culo de mi mujer lo amasaba con fuerza, una vez ya retirados y en penumbra parĂł, giro a mi mujer cara a cara y sin mirarme me dijo:
– Julio, ya no hay vuelta atrás, estos dĂas, voy a follar a tu mujer mucho, Âżestás preparado?
– Si le respondĂ, a eso hemos venido.
– Y tu Mirian; ¿verdad que no vas a decir no a nada a tu macho negro? ¿Qué vas a hacer todo que tu macho mandé?
– Si, respondió mi mujer derritiéndose.
La morreo de nuevo, mientras la comĂa la boca, la fue subiendo la mini, ya en la cintura, agarrĂł el tanga por un lado y de un tirĂłn se lo arrancĂł. Mi mujer dio un grito de dolor a lo que Ă©l respondiĂł con un fuerte azote en el culo diciendo:
– Esto es basura, ya dije que nada de esto, en cualquier momento mi polla te va a entrar y no quiero esta mierda mientras estás conmigo.
VolviĂł a hundirla la lengua, sus enormes morros llenaban toda la boca de mi mujer. Con sus largos dedos la frotaba la raja del culo y jugaba con la punta con su ano. Mirian ya estaba a las puertas del orgasmo.
Con la mano libre Enmanuel se bajĂł el pantalĂłn, era impresionante el pedazo de rabo que gastaba, gordo negro, la cabeza la brillaba, estaba supurando liquido preseminal.
Con la mano lo agarro e hizo fuerza para mi mujer abriera las piernas. Con ellas abiertas y como si de una porra se tratara la sacudió dos pollazos de abajo arriba, al notar el segundo, mi mujer doblo las piernas y temblando empezó a correrse a chorro vivo, empapándole la polla y la mano. Enmanuel sonrió y dijo:
– Tu puta parece una de mis negras, lleva alma de negra en cuerpo de blanca, me gusta.
Mi mujer estaba a dos mil grados, le abrazaba y le comĂa la boca y la lengua con ansia.
Enmanuel se sentĂł con las piernas abiertas, semi tumbado.
– Puta, ponte a cuatro con culo en pompa y cómemela, tu, marido cómela agujero de culo quiero que se corra comiéndome rabo.
Obedecimos raudos, Mirian comĂa polla y agarraba a dos manos el palo, yo la comĂa el culo con ansia, me la habĂa sacado y me estaba pajeando.
Mi mujer se corriĂł en dos minutos, lamiendo en el tronco. Él la miraba sonriendo, y la metĂa los dedos en la boca.
Se puso de pie, la levanto, la cogiĂł en brazos abierta de piernas, la elevĂł y estando de pie, la enterrĂł la polla. Mirian hacia esfuerzos para que no se la metiera más hondo, llegaba a su Ăştero. La zarandeaba como una muñeca, arriba y abajo, mi mujer encadenaba un orgasmo con otro, no paraba de correrse. Con sus largos dedos hurgaba en su ano, la metĂa uno, dos, los sacaba volvĂa a forzárselo, metiendo dedos de las dos manos.
Mi mujer flojeó, llevaba cinco orgasmos en menos de 15 minutos, tres de ellos clavada en el mástil. La puso en el suelo.
– Abrázala, me ordenĂł….
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ContinĂşa..


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