Mi prima y su amiga de la universidad
El mensaje de Vero llegó el viernes mientras veía un partido. «¿Te animas a una fiestita? Es en casa de Sofia, solo nosotros tres.» Sabía lo que eso significaba. Desde lo del garaje, mi prima me miraba con esa mezcla de vergüenza y morbo que solo una chica que ha probado algo prohibido puede entender.
Sofia era distinta. Morena, piernas largas, con ese aire de niña bien que estudia comunicación pero en secreto sube fotos en lencería a Instagram. Su departamento olía a velas caras y weed. «Soy yo la que necesita experiencias nuevas», dijo Sofia sirviéndome un trago fuerte, «Vero me contó todo».
Vero, mi prima, se rio nerviosa. «Ella quiere probar cosas… para después con su novio». Pero yo veía cómo se mordía el labio, cómo sus ojos recorrían mi cuerpo. Sabía que esta pendeja no quería practicar: quería vicio.
Empezamos con juegos de copas. «Verdad o reto» se volvió «quítate una prenda» en minutos. Sofia perdió primero y se sacó el brasier bajo la blusa, dejando ver sus pezones duros a través de la tela. Vero, más audaz, se subió la falda y mostró que no usaba nada debajo. «Tu turno, primo», dijo desafiante.
Me quité la camisa y las vi babear. Sofia se acercó primero, corriendo sus uñas por mi pecho. «Vero dice que sabes dar lecciones». Su mano bajó hasta mi jeans y la abotonadura cedió. «¿Me enseñás?».
Vero no esperó. Se arrodilló y me sacó la verga, mamándola con una habilidad que no tenía la última vez. Sofia la miró, sorprendida y excitada, antes de unirse. Sus lenguas se encontraron alrededor de mi miembro, lamiendo, compitiendo por quién me hacía gemir más fuerte. «Chúpensela juntas», ordené, y obedecieron como perritas entrenadas.
Pero yo quería más. Las tumbé en el sillón y les quité lo que les quedaba de ropa. Sofia tenía un culo perfecto, redondo y firme, mientras Vero se tocaba frente a mí, mostrándome su coño ya empapado. «¿Quién prueba primero?», pregunté.
Sofia se ofreció. «A mí». La penetré por detrás, mientras Vero se ponía frente a nosotros y le comía la boca a su amiga. Sentía a Sofia contraerse con cada embestida, gritando entre los besos de Vero. «Más duro, por favor», gemía, y yo la azotaba mientras la llenaba.
Vero no aguantó verlo. Se subió a mi cara, restregando su coño en mi boca. «Chúpame, primo, como la vez pasada». Su sabor era adictivo, dulce y salado a la vez. Con una mano me masturbaba y con la otra guiaba a Sofia hacia nosotros. «Lámela a ella también», le ordené a Vero, y sin dudar, mi prima enterró su lengua en el coño de su amiga.
El espectáculo era surreal: Sofia gimiendo bajo mi verga, Vero devorándola como si fuera su última cena, y yo en el medio, usando a ambas como juguetes. Cambiamos de posiciones toda la noche. En la cama, Vero montó mi cara mientras Sofia cabalgaba mi verga, gritando que nunca había venido tan fuerte. En el piso, las puse a cuatro patas y las alterné, llenando a una mientras la otra lamía mis bolas.
Terminé vaciándome en la boca de ambas, viendo cómo compartían mi leche entre besos babosos. «Gracias por la clase», dijo Sofia, con una sonrisa que prometía repetición.
Vero solo winkeó. «Le voy a contar todo a mi novio… a ver si se anima».


Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.