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Anónimo

agosto 30, 2025

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Pastel de 4 leches

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Mi fantasía más recurrente y caliente últimamente es una que me pone a arder por dentro cada vez que la recuerdo. Se me ocurrió que quiero poner una pastelería, pero no una cualquiera, no. ¡Una que sirva el postre más prohibido y delicioso que pueda existir! Imagínense: tu rebanada favorita de pastel, bien húmeda, esponjosa, con ese glaseado perfecto… pero en vez de azúcar glass o chocolate, ¡cubierta con semen recién salidito y calentito de su servidor! ¡Qué ricooo!

Todo esto comenzó hace años, cuando estaba saliendo con una chica que era adicta a sacarme la leche con su boquita. ¡Ay, Dios! Como la extraño. Ella se ponía de rodillas frente a mí y me mamaba con una devoción que me volvía loco. Lo que más me excitaba era cuando, después de hacerme venir, abría su boca para mostrarme toda mi leche adentro, me miraba fijo a los ojos y luego se la tragaba toda de un solo golpe, sin dejar ni una gota. ¡Esa imagen me quedó grabada para siempre!

Un día, estando especialmente caliente y creativo, decidí llevar las cosas un paso más allá. Compré una rebanada de pastel de chocolate, bien denso y húmedo, de esos que parecen derretirse en la boca. La puse en un plato y, en vez de decorarla con algo normal, me masturbé lentamente hasta venirme directamente sobre ella. Mi semen, caliente y espeso, cubrió el chocolate como un glaseado perverso. ¡Se veía tan obsceno y delicioso! Se lo mandé por Rappi a su casa, con una nota que decía: «Postre gourmet, hecho con amor… y otros ingredientes secretos».

Esa mezcla de morbo, transgresión y dulzura me enloqueció. Desde entonces, no puedo sacarme de la cabeza la idea de montar un negocio así, clandestino, solo para conocedores. Pastelitos artesanales, horneados en casa, con recetas familiares… pero con el toque final de un hombre que termine de decorarlos en el momento, con su propia crema blanca y pegajosa. ¡Imaginen la textura! La humedad del pastel mezclada con la viscosidad del semen, el contraste del dulce con ese sabor salado y único… ¡tengo que probarlo!

Me visualizo en una cocina, con delantal… y nada más. Horneando vainillas suaves, cheesecakes cremosos, pasteles de zanahoria con nueces… y luego, llamando a mis «proveedores» especiales para que vengan a glasear cada porción con dedicación. ¡Cada pastelito sería único! Dependiendo del hombre, la textura y el sabor de la cobertura cambiaría… algunos más espesos, otros más líquidos, algunos con un sabor más fuerte. ¡Sería toda una experiencia gastronómica!

Y la entrega… ¡uf! Empleados de Rappi llevando estas cajitas misteriosas a mujeres (u hombres) que pidieran su dosis de placer prohibido. Abrir la caja y encontrar esa tentación ahí, lista para ser devorada. Que el cliente se meta a la boca ese trozo de pecado y sienta la explosión de sabores… y sepa que está comiendo algo que moments antes salió de otro cuerpo. ¡Eso es intimidad total!

A veces fantaseo con que mi ex sea mi primera clienta. Que pida un pastel de tres leches… y que yo personalmente lo cubra con mi leche, la cuarta leche, y se lo mande. Sin que ella sepa que fui yo. Que lo pruebe y, aunque no lo admita, reconozca ese sabor que alguna vez chupó directamente de la fuente. Que se moje solo de pensarlo… como yo me mojo ahora.

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