agosto 25, 2025

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Mi amiguita "lesbiana" y yo

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La tarde había comenzado como cualquier otro día de estudio en mi departamento, con libros de marketing esparcidos sobre la mesa y el aroma a café recién hecho impregnando el aire. Sofía, mi amiga desde la adolescencia, estaba sentada en el sofá, hojeando uno de mis textos mientras yo preparaba algo de beber. Ella se define como lesbiana, pero entre nosotros siempre ha existido una conexión peculiar, una tensión que va más allá de la amistad convencional.

Sofía es una mujer de estatura media, con cabello oscuro que le llega hasta los hombros y unos ojos verdes que parecen penetrar hasta el alma. Ese día vestía unos jeans ajustados y una blusa negra que resaltaba sus curvas de manera provocativa. Mientras conversábamos sobre mis clases y su trabajo en la galería de arte, noté cómo su mirada se posaba en mí con una intensidad que iba más allá de lo casual.

«Roy, siempre he admirado tu disciplina para estudiar y trabajar al mismo tiempo», comentó, dejando el libro a un lado. Su voz tenía un tono melódico que me resultaba profundamente atractivo.

«Es cuestión de organización, nada más», respondí, sirviendo el café en dos tazas. Al acercarme para entregarle la suya, nuestros dedos se rozaron y sentí una descarga eléctrica recorrer mi brazo.

El ambiente comenzó a cargarse de una energía palpable. Nos miramos fijamente, y en sus ojos leí el mismo deseo que yo sentía crecer en mi interior. Sin mediar palabra, cerró la distancia entre nosotros y sus labios encontraron los míos en un beso que sabía a café y a menta. Su sabor era embriagador, una mezcla de dulzura y audacia que me hizo perder la noción de todo lo demás.

Mis manos encontraron su cintura, atrayéndola hacia mí hasta que nuestros cuerpos quedaron pegados. Podía sentir la firmeza de sus senos contra mi pecho, y el calor que emanaba de su entrepierna me confirmó que ella estaba tan excitada como yo. La besé con furia, explorando cada rincón de su boca con mi lengua, mientras mis dedos se entrelazaban en su cabello.

Nos desvestimos con urgencia, arrojando la ropa al suelo sin preocupación alguna. Su cuerpo era una obra de arte: piel de porcelana, caderas redondeadas y unos pechos firmes que se mecían con cada movimiento. Me arrodillé frente a ella y tomé uno de sus pezones en mi boca, saboreando su textura erecta mientras mis manos acariciaban sus muslos. Ella gimió, arqueando la espalda y enterrando sus dedos en mi cabello.

«Siempre he querido hacer esto contigo», susurró, jadeando entre besos.

Yo no respondí con palabras, sino con acciones. La llevé hasta el sofá y la tendí sobre él, cubriendo su cuerpo con el mío. La penetré lentamente, sintiendo cómo su vagina se ajustaba a mi miembro como un guante. Estaba increíblemente húmeda y caliente, y cada embestida provocaba un gemido gutural que salía de lo más profundo de su ser.

El ritmo de nuestros cuerpos se aceleró, transformándose en una danza primal y urgente. Yo la observaba, fascinado por cómo su rostro se contorsionaba entre el placer y el éxtasis. Sus uñas se clavaban en mi espalda, marcándome con arañazos que testificarían nuestra pasión desbordada.

En un movimiento audaz, la giré para colocarla a cuatro patas. Desde atrás, la penetré con mayor fuerza, agarrando sus caderas para clavar mis dedos en su carne. Cada embestida resonaba en la habitación, acompañada por el sonido húmedo de nuestros cuerpos unidos y los gemidos que neither of us podía contener.

Sofía alcanzó el orgasmo primero, con un grito ahogado que parecía rasgar el aire. Su vagina se contraía alrededor de mi pene de manera espasmódica, intensificando mi propio placer hasta el borde del abismo. Yo seguí moviéndome, prolongando su climax hasta que no pude aguantar más y me vine dentro de ella, con un gruñido que salió desde lo más profundo de mi ser.

Nos derrumbamos juntos, jadeantes y cubiertos de sudor. El aroma a sexo impregnaba la habitación, una fragancia cruda y primal que era testigo de lo que acababa de ocurrir. Yo me recosté a su lado, trazando círculos sobre su estómago con la yema de los dedos.

Ella volvió su rostro hacia mí, con una sonrisa juguetona en los labios. «Siempre supe que serías increíble en la cama.»

Yo sonreí, sintiendo una satisfacción profunda. «Y tú superaste todas mis expectativas, Sofía.»

Nos bañamos juntos, enjabonándonos el uno al otro con una intimidad que trascendía lo físico. Bajo el agua caliente, la besé nuevamente, saboreando la mezcla de nuestros fluidos y el jabón con fragancia de vainilla. Era una combinación extraña, pero profundamente erótica.

Después, envueltos en batas, regresamos al sofá y nos acomodamos entre risas y caricias. La tarde había dado un giro inesperado, pero neither of us se arrepentía. Sofía descansó su cabeza sobre mi hombro y suspiró contenta.

«¿Sabes? Siempre me había preguntado cómo sería estar contigo», confesó, jugueteando con el cordón de mi bata.

«Y ahora lo sabes», respondí, besando su frente. «Y esto es solo el beginning.»

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