Por

Anónimo

junio 6, 2025

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CUÑADA EN CASA pt1

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Mi cuñada se separó de su esposo cuando mi esposa y yo estábamos de viaje. Mi esposa siempre ha visto por su familia y, sin dudar, le dijo que se fuera a nuestra casa y se instalara ahí el tiempo que ocupara. Mi esposa estaba muy afectada por lo que estaba viviendo con su hermana. No sé si se proyectó, pero se tornó muy cariñosa y se le notaba más caliente de lo normal. Después de la noticia de la separación de su hermana, tuvimos sexo buenísimo (nos encerramos en el cuarto del hotel unas 8 horas) Y durante todo el resto del viaje fue muy complaciente en lo sexual. Atenta y cariñosa.

Al regresar a casa, la casa estaba hecha un desmadre; en la casa estaban mi cuñada y mi suegra. El venir del viaje cansado y encontrar todo así me molestó mucho.

Resulta que, como no estaríamos en la ciudad, quienes nos ayudan con la limpieza de la casa, pues no irían a la casa y mi cuñadita no fue para recoger ni un plato.

Al llegar, el recibimiento fue muy efusivo; mi cuñada lloraba y nos abrazó dando las gracias.

(Pero mi esposa y mi suegra habían notado, mi disgusto).

Mi suegra rápido quiso hacer algo y se ofreció a hacer comida para todos. Nos invitó a que subiéramos, a cambiarnos y a descansar. Que ella iría a comprar las cosas faltantes y que Jessica limpiaría la casa mientras tanto. Así que hicimos caso a la suegra; mi esposa y yo subimos al cuarto y ella salió a hacer compras.

Subí con mi esposa y me contó todo lo que había pasado el tiempo que no estuvimos. Me pidió que si su hermana podía quedarse algunas semanas con nosotros. Le dije que estaba bien, pero tendría que compensármelo. Sonrió y me abrazó, nos besamos, le quité la ropa y se puso de rodillas y me empezó a dar sexo oral como pocas veces antes lo había hecho (siempre estamos solos en casa, nunca ponemos seguros a las puertas). Me tenía muy excitado el hecho de saber que en la casa estaban mi suegra y mi cuñada. Liz se veía muy hermosa, con sus grandes caderas y pequeña cintura. La inusual entrega que estaba teniendo de días atrás y en ese momento me tenía con una gran erección. Mi glande apenas y cabía en la boca de mi esposa; con sus dos manitas sujetaba mi pene inflamado, lleno de venas. En su cara podía ver que ella lo estaba disfrutando tanto como yo.

Mientras mi esposa estaba hincada. Abren la puerta, era mi cuñada que venía a avisar que la comida ya estaba lista. Nos vio por un momento, se quedó pasmada y luego se fue de prisa dejando la puerta abierta. Liz se detuvo cuando su hermana ya se había ido. Por el ruido que hizo al bajar corriendo.

Liz se puso muy nerviosa, se paró y se puso la ropa rápido. Nos cambiamos y bajamos a la cocina. Ahí mi suegra y Jessica estaban algo nerviosas, como temerosas.

Al nosotros llegar, se pusieron muy serias. Liz se empezó a reír y se disculpó por qué no cerramos la puerta. En eso todos empezamos a reír y todo se relajó.

La comida olía muy bien, abrimos unas botellas de vino y empezamos a comer y platicar. Ya en confianza, Jessica me contó sobre lo que sucedió, cosas que mi esposa ya me había contado.

Le dije que no se preocupara, que ella era muy importante para Liz y que eso la volvía importante para mí. Que no tuviera pena en quedarse lo necesario y que si ocupaba cualquier cosa que le pudiera facilitar, no dudará en pedirlo. —que yo me arreglaba con Liz sobre cualquier cuenta pendiente. Mi esposa se rio mucho y se puso muy roja.

Ella bromeó que pagaría con “Cuerpomatic”

Mi suegra estaba en la casa no solo porque mi cuñada se separó, sino porque le quitarían la vesícula y se pondría de acuerdo con mi esposa sobre los estudios previos, los días que la cuidaría, cuándo la operarían y todo lo relacionado con eso. Algo que yo no sabía. Así que al día siguiente mi esposa tendría que acompañar a su mamá en estudios temprano.

Mi suegra temprano se fue a su casa a descansar y mi esposa se subió a dormir por lo mismo. Quedándonos Jessica y yo solos en la cocina, tomando, como ya muchas veces había ocurrido.

Antes de subir a dormir, mi esposa me pidió acompañarla. Subimos al cuarto y nos pusimos pijama; mi esposa empezó a besarme. Se puso en cuatro en la cama y se subió la bata; la empecé a tocar y estaba muy mojada, se sentía realmente caliente su vulva; los dedos entraban en su vagina con total facilidad, estaba muy dilatada. En eso me quité la pijama para penetrarla y mi cuñada grita:

– Hey qué onda van a bajar o ya a dormir? Eso altera un poco a mi esposa y me dice que mejor baje a acompañarla para que no se quede tomando sola. Que cuando suba terminamos.

Sin muchos ánimos y con la verga bien parada me volví a poner la ropa le grite que ya bajaba que me estaba cambiando. Al salir del cuarto me encuentro con que va camino a su cuarto. Le pregunté que si se iría a dormir que no había problema en dormirnos. Se rio y me dice:

—No, ¿cómo crees? También me quiero poner cómoda, no te duermas. Una más y ya nos metemos.

Me fui a la cocina a esperarla; tardó poco en bajar. Llegó con el pelo mojado y la carita lavada, como que se dio un regaderazo.

Era otra completamente, se veía contenta y más ligera, justo como era ella antes de nuestro viaje y su separación.

De lejos la veo y me ve, se me acerca y me abraza con fuerza. Olía muy rico, podía sentir su cuerpo. Se sentía fría porque se acababa de bañar, pero fue cálido su abrazo. Un abrazo más largo de lo normal; al separarnos, me dio un beso en el cachete y en la comisura de los labios. Viéndonos a los ojos, me dio las gracias y parecía que estaba por llorar. Cambié de tema; le dije que no era nada. Aproveché para decirle que solo sería ese trago porque era la última botella de vino que teníamos.

Que no había más y tendríamos que dormir temprano. (Yo estaba que moría de ganas por subir y tomar a mi esposa y darle toda la noche).

Ella se rio y empezó a decir que no era justo, que apenas empezábamos y que era muy temprano, que no eran ni las 10 de la noche. Que no teníamos pendiente por la mañana el día de mañana. Reí al verla de esta forma, ya más relajada como antes. Pero yo estaba muy caliente y quería subir con mi esposa. Le dije que venía muy cansado y que, aunque no tenía pendiente temprano, sí tenía cosas que hacer el día siguiente. Mientras le hablaba, ella buscaba en la cocina y dio con la puerta donde guardamos alcohol. Me dice.

—Mira, yo sabía, tal vez ya no hay vino, pero hay tequila y whiskey, hay ron y otras cosas. “No se vale rajar”.

(Era una frase que decían en su casa cuando había reuniones o pedas).

Me reí y le dije que estaba bien, pero que un rato no muy tarde, porque si estaba cansado, Liz no se dormiría si no subía. Ella se rio y dijo que conocía a su hermana y que su mayor talento era dormir. Que no me preocupara por ella.

Platicamos un rato, nos terminamos el vino y empezamos con whiskey. Ella empezó a servir; fue la encargada de las bebidas. Mientras se movía por la cocina alcanzando vasos y agachándose por el hielo, la empecé a ver de otra manera.

Siempre me pareció muy bella, su cara es bastante parecida a la de mi esposa. Sin embargo, más allá de pensar que era hermosa, nunca había experimentado otro tipo de atracción por ella hasta ese instante. Jessica es alta como mi esposa, debe medir 1.70 más o menos, pero a diferencia de mi esposa, ella es mucho más delgada (de piernas, brazos y abdomen). No tiene grandes caderas o nalgas. Lo que sí tiene es un gran busto. Tiene buenas tetas, grandes y redondas, muy paraditas para haber tenido 2 hijas. Debe ser copa G. Su pelo largo mojado mojó su blusa y el short de su pijama lo que hacía que se le pegara un poco la ropa al cuerpo. Marcando sus pequeños glúteos, su pijama apenas y cubría la parte de abajo de su nalga descubriéndola un cada que se agachaba por hielos y se le marcaba la vulva gorda. Me tenía hipnotizado, creo que ella lo pudo notar y cada vez tardaba un poco más agachada buscando hielo o cualquier cosa.

Después de un par de horas y varios tragos yo ya estaba tomado y ella también. Ya no me era posible el distraerme y evitar verla con deseo.

Se me empezó a acercar pegándose a mi cada vez más después de cada trago. Después de los primeros dos nos sentábamos prácticamente uno junto al otro y se recostaba en mi y me abrazaba. Toda la plática fue sobre ella y su matrimonio y todo lo que falló. En un momento me dijo, que envidia siento por mi hermana que te tiene a ti. Lo mucho que se quieren y disfrutan el estar juntos, como hace rato que los vi…

Eso me puso alerta, me despertó su comentario. La volteo a ver y me dijo que lo poco que nos vio vio que nos deseábamos mucho. Y qué ella ya tenía mucho tiempo sin sentirse deseada.

Nuestros rostros estaban frente a frente muy cerca uno del otro podía sentir su aliento, y el calor de su cuerpo, de reojo volteó a ver su pecho y pude ver sus pezones que se marcaban firmes, apuntando hacia mi, nos acercamos y la besé en la mejilla. Le di un beso largo en el cachete y le dije que ya estábamos muy tomados y que su hermana me había dejado muy caliente y me esperaba. ( me recargue en el banco que estaba sentado dejando ver mi pene que se notaba erecto debajo del pantalón de mi pijama, de lado pegado a mi pierna apuntando a ella ) ella volteo a ver y mordió sus labios, puso su mano en mi rodilla y me dijo:

–no se como podré pagarte todo lo qué haces por mi hermana y por mi. Haces mucho por toda la familia. Dime cómo te puedo pagar. ( lentamente empezó a llevar su mano hacia la punta de mi pené)

Yo estaba muy caliente mi respiración ya era profunda algo agitada. Veía su rostro hermoso y pensaba mil cosas. En sus ojos veía a mi esposa, y a sus hijas que fueron mis babys, me veía a mi y había algo más. Ella siempre fue lo prohibido. Eso que nunca imaginé tener.

Veía sus pechos y solo imaginaba chuparlos y conocer su sabor. Fueron instantes que se sintieron eternos.

En eso su mano llegó a mi pene. Lo tomo con gentileza y empezó a masajearlo, se paró de su banco para arrodillarse en el suelo frente a mi, sin soltar mi pene.

En eso mi esposa grita desde el cuarto –ya es tarde ya duérmanse. Eran las 2 de la mañana. Me paré y le di un beso en la frente.

Subí y Liz estaba dormida. Empecé a besar sus hombros y bajar los tirantes de su bata. Recogió su pelo y giró su cabeza ofreciéndome su cuello para besarla. La empecé a tocar y estaba algo mojada, pero yo estaba muy duró. Así que si mucho preámbulo la giré dejándola boca abajo. Mi Liz tiene un culo bien grande y gordo, me monte sobre ella y le empecé a dar. La monte salvajemente, con desesperación y deseo. Daba fuertes gritos cada que la embestía. Y se escuchaba cómo chocaban mis testiculos en sus nalgas. Mordía la almohada y gritaba clavando su cara en ella como intentando no hacer tanto ruido para que su hermana no lo notara o escuchara. Pero era inevitable que nos escuchara.

Siempre vivimos solos y estábamos acostumbrados a hacer ruido y en esta ocasión la estaba tomando con muchas ganas. Después de unos minutos pude sentir como tenía espasmos en las piernas y cómo me apretaba. Se vino un pr de veces pero ya estaba terminada, ya no podía mi hermosa mujer. Le di la vuelta y seguí sobre ella. Le baje los tirantes para descubrir sus pechos y chuparlos. Sus pechos son pequeños con pequeños pezones negros. Nunca me había excitado tanto lamerlos y chupar de sus pechos. Eran los mismos pechos delicados de mi esposa pero yo pensaba en los enormes pechos de mi cuñada. Los mordía y chupaba con entusiasmo, Liz me apretaba la cabeza jalándome hacia ella. Lo estaba disfrutando mucho. El oírla gemir y pedirme más me termino por hacer venir. Me introduje lo más que pude y terminé dentro de ella. Quedándome ahí dormido sobre mi mujer.

Al día siguiente desperté por que se estaba arreglando para irse. Mientras se arreglaba me dijo lo mucho que le gusto, que el postergar el hacerlo al llegar lo hizo muy especial. Yo sabia que tenía razón y no pero le seguí el juego. Me pidió que llevara a jessi por algunas cosas de ella y a dar algunas vueltas. Nos veríamos para comer juntos…

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