Mi vecino Luis
Mi vecino Luis.
Cuando tenÃa 21 años, vivÃa sola en un departamento en la ciudad mientras estudiaba en la universidad. Mis padres tienen un rancho en un poblado cercano y varias propiedades y negocios, por lo que no tenÃa problemas económicos y solo me dedicaba al estudio. Soy morena clara, de cabello rizado, buenos senos y unas nalgas bien redondas y paradas. Claro esta que a esa edad y viviendo sola, ya habÃa tenido varias parejas sexuales. Un sábado mientras tendÃa mi ropa recién lavada en el patio de servicio (no me gusta tener personas extrañas en mi casa, por lo cual compre una lavadora automática con secadora), observé que alguien me veÃa desde una ventana que daba a mi patio de servicio, era un chico que acababa de entrar a la secundaria, llamado Luis, sólo su ventana daba a mi patio de servicio, me llamó la atención que siempre que lavaba mi ropa, el se asomaba por su ventana a espiarme, eso me excitó y se me ocurrió darle un buen show, el siguiente sábado, salà a lavar mi ropa en un diminuto short, y una blusa blanca de licra muy ceñida al mi cuerpo, y lavando, me moje toda la blusa para que se transparentara, pero vi que necesitaba mas, asà que me quité la blusa, dejando mis senos al aire, me quedé asà unos minutos y después entre a la casa, pensando que Luis se estaba masturbando en mi honor, el siguiente sábado salà a lavar en bata y después me la quité, quedando únicamente en un pequeño bikini. Cada sábado hacÃa lo mismo, pero nunca me quede completamente desnuda y pensaba como Luis se masturbaba pensando en mi. Un dÃa fui a la tienda y ahà estaba Luis y nos saludamos, mientras hacÃa mis compras, Luis no me quitaba la vista de encima, Doña Rosa, la de la tienda le dijo a Luis que le echara ganas a las matemáticas, entonces le pregunte a Luis.
– ¿A poco tienes problemas con matemáticas?
– Si� no me gustan. � Yo estudiaba ingenierÃa en informática, asà que me ofrecà a ayudarlo en la materia.
El aceptó gustoso y quedamos de vernos los martes y jueves a las cinco de la tarde en mi casa. Ese martes, llegó muy puntual, yo lo recibà con un pantalón de mezclilla y una blusa azul muy holgada sin sostén, cuando le empecé a explicar me recargue sobre la mesa y la blusa se colgó y Luis clavó los ojos dentro de mi blusa, me gustaba ver como trataba de disimular su mirada y nerviosismo, otro dÃa lo recibà en minifalda y nos sentamos en el suelo, yo dejaba que me viera mis pantaletas. Cada dÃa que iba a su clase de matemáticas le dejaba ver mi cuerpo y me excitaba ver como se ponÃa nervioso.
Un dÃa llego a su clase y le comente que irÃa a la playa con mis amigos y que necesitaba que me ayudara a escoger mi traje de baño, tenÃa tres, uno de una sola pieza, que fue el primero que me puse y salà a modelárselo, sus ojos desorbitados me excitaron, me sentÃa bella, admirada, deseada, entre a mi recamara a cambiarme y me puse un bikini blanco, bastante conservador, me cubrÃa bastante, pero dejaba ver mis tetas mas grandes de lo que eran en verdad y dibujaba muy bien mi cintura, note como un bulto crecÃa debajo de su short, reà y entre a mi recamara a cambiarme, me puse otro bikini, el sostén lo sujetaban unas tiras al cuello y espalda, y unos pequeños triángulos que apenas cubrÃan mis pezones, abajo otro pequeño triangulo cubrÃa mi vagina con unas tiras amarradas a los costados; Luis apena podÃa pronunciar palabra, no creÃa lo que veÃa y faltaba lo mejor, me di vuelta y sólo una tirita que se perdÃa entre mis nalgas era todo lo que me cubrÃa.
– ¡Ese!, con ese bikini te ves muy bien � dijo balbuceando.
Ese dÃa platicamos, de varias cosas menos de matemáticas y yo me quede en bikini, me gustaba ver su mirada sobre mi cuerpo, me pare en varias ocasiones para que se deleitara con mis nalgas. Al martes siguiente lo recibà en un diminuto short de mezclilla y una blusa de botones al frente y sin sostén, se me notaban los pezones, ese dÃa decidà ser más atrevida y lo enfrente, le dije.
– Luis, el sábado me di cuenta que me espÃas cuando lavo mi ropa.
– No� si� bueno, es que� eres muy linda, me gusta verte. � dijo temeroso.
– ¿Y que haces después? � Le pregunte.
– ¿Después de que? � preguntó nervioso.
– Cuando me ves casi desnuda, ¿Qué haces después?, ¿Te masturbas?
– Si, me excitas mucho. � Contestó.
– ¿Quieres verme ahorita? � le pregunte.
– Claro, serÃa maravilloso. � Contesto nervioso.
– ¿Te gustarÃa quitarme la blusa?.
– ¡Claro que si!.
– Hazlo sin tocarme las tetas. � Me acerque a el y sus manos temblorosas de emoción me desabrocharon los tres últimos botones de la blusa.
– Despacio, ve abriendo la blusa poco a poco. � le dije.
Asà lo hizo, abrió mi blusa y mis tetas quedaron a su vista con mis pezones marrones coronando mis grandes tetas. Las observó extasiado, sus manos deslizaron mi blusa de mis hombros y cayó al suelo detrás de mÃ.
– Ahora quÃtame el short. � Le dije.
Sus dedos batallaron con el botón de mi pantaloncillos de mezclilla hasta que logró desabotonarlo, bajó el cierre y comenzó a deslizarlo suavemente hasta que cayeron a mis tobillos, movà mis pies y lo hice a un lado, quedando solo en unas pequeñas pantaletas, gire lentamente para que me viera por todos lados y me senté en el sillón frente a él, mirando su entrepierna noté que su verga la tenÃa al máximo, subà mis pies al sofá y separé mis piernas, mis pantaletas apenas podÃan cubrir los labios de mi vagina.
– Y cuando me espÃas desde tu ventana, ¿que haces al verme asÃ? � le pregunte con voz sensual.
– Yo� me� masturbo. � contestó tÃmidamente.
– QuÃtate la playera � le ordene y rápido obedeció � ¿y que esperas para hacerlo? � le dije.
– ¿Qué? � sus ojos se desorbitaron.
– ¿No estas caliente? � le pregunte con voz muy melosa y sensual.
– Si� mucho�. � contestó.
– Entonces ¿por qué no te masturbas? � metió su mano debajo de su short y comenzó a masturbarse.
– QuÃtatelo, quiero verte. � y sin decir nada que quitó su short y su verga bien erecta quedó ante mi vista y siguió masturbándose.
Yo lo veÃa excitada, pensaba en lo que el se imaginaba que me hacÃa, al mismo tiempo que me acariciaba mi clÃtoris dándome yo misma placer. Me pere frente a él y le dije.
– QuÃtame mis pantaletas, por los costados, sin tocarme.
Con sus manos temblorosas me empezó a bajar mis pantaletas, su emoción crecÃa cuando veÃa mi vagina quedar al descubierto frente a sus ojos. Cuando me la quitó por completo volvà al sofá y abrà mis piernas mostrándole toda mi vagina, mis labios marrones y su interior rosadito y húmedo. Su mano se apresuró sobre su verga y pronto terminó, deteniendo en sus manos la mayor cantidad de su leche y sólo unas gotas cayeron al piso, se dirigió al baño a asearse y cuando salió yo traÃa puesto una bata y le dije que era hora de irse y que nos verÃamos él jueves, su cara se iluminó con una sonrisa.
Asà continuaron sus visitas martes y jueves, a veces veÃamos matemáticas, a veces nos veÃamos desnudos y nos masturbábamos, nunca lo deje que me tocara ni tetas y vagina, sólo acariciaba mis piernas y en algunas ocasiones le permità que me tocara las nalgas, sin embargo me ponÃa en todas poses que a él se le ocurrÃan, también le permità arrojar su leche sobre mi cuerpo, a excepción de la cara, experimento por todos lados; hasta que llegó el verano, terminé mis estudios y partà de esa ciudad y jamás lo he vuelto a ver.
2 respuestas
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