la mama de mi amigo y su culo
Esto sucedió cuando yo tenÃa 20 años, todavÃa era un chaval ignorante del mundo y de la vida, un pipiolo, ya no era virgen pero sabÃa muy poco del mundo y del sexo, un libro en blanco todavÃa por escribir. Fue un verano. Yo habÃa acabado preuniversitario y me preparaba para entrar en septiembre en la Facultad de FilosofÃa, soy de letras, nadie es perfecto, y mi propósito era estudiar Historia. TenÃa un amigo Ãntimo, Eduardo, con el que salÃa con frecuencia, jugábamos en el mismo equipo de fútbol, no soy Messi pero me defiendo, jeje. El padre de Eduardo habÃa muerto de un infarto fulminante dos años antes. Su madre, Alicia, era una cuarentona rubia con unas tetas poderosas y unas caderas que prometÃan el paraÃso, un manjar. �La madre de Eduardito tiene un polvazo�, decÃan a voces los compañeros del equipo de fútbol cuando ella aparecÃa por la banda para vernos jugar. Aquel verano Eduardo me invitó a pasar un mes con ellos en la casa que tenÃan en la playa. Era en Las Marinas, muy cerquita de Denia, en Alicante. El padre de Eduardo habÃa sido un ejecutivo importante en Telefónica y se notaba que habÃa ganado mucho dinero. A mÃ, que soy de una familia mucho más modesta, el chalé me parecÃa un paraÃso. TenÃa un jardÃn muy bien cuidado con una piscina bastante grande y estaba en la primera lÃnea de la playa, se salÃa por un lado directamente a la arena y por el otro al jardÃn. Acepté la invitación. La madre de Eduardo se puso muy contenta cuando me vio llegar.
-A mi hijo le hace falta alguien que le saque por ahà a divertirse �me dijo Alicia al tiempo que me plantaba dos besos en la cara-. Seguro que contigo al lado las chicas se os van a rifar.
-Yo no dirÃa tanto.
-Seguro que sÃ. Si se te está poniendo cuerpo de atleta, tienes unos muslos de futbolista que impresionan.
Yo estuve a punto de decirle que lo impresionante eran sus tetas, pero me limite a mirárselas con unos ojillos que decÃan �me encantarÃa comértelas�. Ella me sonrió con picardÃa como si se hubiera dado cuenta.
Eduardo y yo salÃamos todas las noches con los grupos de jóvenes que se juntaban por la zona, volvÃamos medio colocados de madrugada, él mucho más que yo porque le pegaba a la botella como un loco. Su madre nos esperaba casi siempre levantada y nos sometÃa a un interrogatorio. A Eduardo le metÃamos en la cama porque no se tenÃa en pie y Alicia me pedÃa que me quedase charlando con ella.
-¿Qué tal os ha ido con las chicas?-me preguntaba casi a diario.
-Se hace lo que se puede �le respondÃa yo, sin dar muchos detalles.
-¿Y se puede mucho? �me preguntó una noche guiñándome un ojo con gesto de complicidad.
-Bueno�
-No te hagas el tontÃn que hoy te he visto cómo te dabas un buen achuchón con una morenita. Luego, por la noche en la playa, habrás llegado más lejos, ¿no?
-Algo más, sÃ.
-¿La has metido mano? �me preguntó ella con mucho morbo. Estaba sentada frente a mà con un vestidito de playa que se le habÃa levantado y dejaba al descubierto unas piernas esbeltas, la tÃa estaba buena.
-SÃ, sÃ, primero nos hemos besado y mientras, yo me arrimaba contra ella.
-¿Se te habrá puesto muy dura?
-SÃ, sÃ, como una piedra.
-¿Te ha hecho una paja? �ella parecÃa cada vez más interesadas en mis escarceos con la morenita. A su insistencia me ponÃa cachondo.
-SÃ, sÃ, hemos extendido una toalla, nos hemos tumbado y me ha hecho una paja espectacular �le expliqué.
-¿Con la boca? �me preguntó Alicia.
-No, no ha querido. Tampoco me ha dejado llegar más lejos, quizá otro dÃa me la folle, iré poco a poco
– Asà son las jovencitas, pero seguro que te la follas otro dÃa, y me lo tienes que contar bien.
Aquella noche Alicia me dio un beso en la mejilla y me mandó a la cama. Yo me fui caliente y me masturbé pensando en las tetas de la explosiva madre de mi amigo Eduardo. Si no hubiera sido tan pipiolo como entonces, me habrÃa lanzado a por ella, porque seguro que estaba deseándolo pero ya os digo que yo estaba en la inopia.
Dos dÃas después de aquella conversación, Eduardo organizó una excursión en bicicleta. La idea era marchar hasta GandÃa, llevar la comida en las mochilas, pasar el dÃa por alguna de las playas de la zona y volver por la tarde. A mà aquel plan no me gustaba. No me seducÃa nada hacer tantos kilómetros en bici, habrá unos treinta desde donde estábamos hasta GandÃa, con el calor. �Saldremos temprano�, me animaba Eduardo. �Y pararemos mucho, vamos a ser más de quince, y viene Inés�. �Yo prefiero no darme esa paliza en bici�, respondÃ. Y Alicia, su madre, me apoyó: �No seas pesado, Eduardito, deja al chico que se quede si no le apetece ir�. �Que haga lo que quiera�.
La expedición se marchó a las nueve de la mañana. Yo me quedé en la cama hasta las 10:30. Cuando bajé a desayunar Alicia me habÃa preparado un plato lleno fruta (naranjas, kiwis, melón y sandÃa), todo muy partido en pedacitos. Después, un vaso de leche con cereales. �Con ese cuerpazo que tienes debes desayunar bien�, me dijo Alicia, que se habÃa puesto un bikini negro espectacular, llevaba un tanguita que dejaba al descubierto la mitad de su culo. Yo no le quitaba la vista. �Hoy podrÃas quedarte a tomar el sol conmigo en el jardÃn de la piscina en lugar de bajar a la playa. He preparado las dos hamacas a la sombra�. �Vale�
Nos fuimos a tomar el sol al jardÃn, ella se tumbó boca abajo en la hamaca. Estaba para comérsela. �Hoy me vas a tener que dar tú la crema en la espalda, seguro que lo haces mejor que Eduardito�.
Me puso un tubo de crema en la mano. �Venga que estoy esperando, desabróchame la parte de arriba del bikini que te será más fácil�. Yo empecé a acariciarle la espalda suavemente, bajé con mi mano hasta la cintura con mucha timidez. Me detuve cuando llegué al borde del tanga y me detuve, pero ella me animó. �Bájame un poco el tanguita, que hoy que estamos solos puedo tomar un poco el sol en el culete�. Yo le bajé un poco el tanga, sólo hasta la mitad de su culo y seguà acariciándola. TenÃa un culo magnÃfico. �Casi es mejor que me bajes del todo el tanguita�, me dijo Alicia. Se lo bajé pero sin quitárselo. Allà estaba ella, la rubia impresionante con el culo al aire y yo acariciándoselo pero con mucha prudencia. �Seguro que te gustarÃa tocármelo bien, venga, hazlo, méteme bien la manita por el culete, guapo, a mà me encanta�. Mi mano recorrÃa sus carrillos, su rabadilla, la acariciaba haciendo circulitos hacia su ano. �SÃ, sÃ, méteme el dedito muy suavemente�. Yo la obedecÃa en todo. Mi polla se habÃa puesto en erupción, estaba dura y tremenda, ya os he dicho que mi polla es espectacular y por su tamaño me llamaban �el negro� en el equipo de fútbol.
-¿Por qué no me comes un poco el culito? �me dijo Alicia con una voz en la que ya se traslucÃa el deseo. Era una mujer morbosa que lo querÃa todo con lentitud. Ella se habÃa dado cuenta de que mi polla estaba en plenitud pero querÃa hacerme esperar.
-Méteme la lengua en el culito, guapo, ¿te gusta?
-SÃ, sÃ.
Mi lengua recorrió toda la raja de su culito hasta llegar al ano y se la introduje. �Métela y sácala, métela y sácala, guapo, sÃ, sÃ, asÃ�. Yo seguà comiéndole el culo y poniéndome a cien mil, estaba deseando meterla la polla pero estaba decidido a seguir sus instrucciones al pie de la letra. No querÃa cometer errores. Desde entonces siempre me ha encantado comerles el culo a las mujeres que lo disfrutan. Alicia me marcó.
-Ahora deberÃas quitarte el bañador para que veamos esa montaña que se te ha puesto.
No la hice esperar
-¡Oooh!, dijo Alicia-. Ven, acércate, quiero tocar esa polla que tienes.
Ella se habÃa dado la vuelta y yo me fije en sus tetas gloriosas. Grandes y firmes, sus pezones estaba duro y tenÃa una aureola grande y marrón. Me tiré a comerle las tetas desesperado.
-Despacito, despacito �me dijo Alicia-.
Pero yo estaba desatado. No podÃa aguantar tanta tensión, mi polla necesitaba una recompensa, ella me la agarró, se la metió en la boca.
-SÃ, sÃ, que bien la comes, eres una maravilla.
Su lengua se movÃa glotona por todo mi prepucio, sus manos me agarraban los huevos, luego metió toda la polla en la boca y me llevó al cielo.
-Córrete en mi boca, me lo voy a tragar todo, todo.
Me corrà en su boca como me habÃa pedido y casi no dejó escapar ni una gota de mi semen. Entonces se volvió a tumbar en la hamaca con las piernas muy abiertas.
-Ahora te toca a ti comerme el chochito, lo estoy deseando.
Yo era un inexperto, ya os lo he dicho, un atontolinado con una polla descomunal. Empecé a comerla de arriba abajo, como ella me habÃa pedido, con mucha lentitud. Mis manos acariciaban aquellas tetas que tanto deseaba, mientras mi lengua iba bajando hasta su ombligo, sentÃa como crecÃa su deseo.
-Sigue, sigue, no te detengas.
Cuando mi boca llegó a su monte de Venus empezó a emitir primero gemidos ahogados. Mi lengua alcanzó a su clÃtoris, lo bese, lo movà de un lado a otro, lo agarré con los labios, lo chupe. Sus gemidos ya no eran ahogados sino alaridos.
-No pares, no pares.
Con mis dedos acariciaba los labios de su vagina, mi lengua seguÃa tocando el timbre de su clÃtoris, le introduje un poquito mi dedo en la vagina.
-Ayyyy, ayyyy, ayyy.
Ella gritaba desesperada, se corrÃa como una loca y a mà la polla se me habÃa vuelto a poner enhiesta, lista para un nuevo asalto.
-Quiero follarte �le dije.
-SÃ, sÃ, fóllame, fóllame, méteme esa polla de caballo que tienes, lo estoy deseando, fóllame, fóllame.
Yo ya me habÃa tumbado sobre ella y mi polla estaba en la entrada de su vagina, expectante, la puse sobre su clÃtoris y la movà de arriba abajo, la masturbé con la polla.
–Ayy, ayy, me vas a volver loca, ayy, ayy. Ahora follame, fóllame.
Puse solo la puntita de la polla en la puerta de su chochito. Y ella gritó.
-SÃ, sÃ, métemela, métemela.
Ella parecÃa estar en otro mundo, tenÃa los ojos iluminados. Pero la hice esperar. Me habÃa dado cuenta de que su morbo era la lentitud, la lasitud, ir paso a paso, a cámara lenta.
-Estoy deseando follarte �le dije al oÃdo.
-SÃ,sÃ, fóllame ya, fóllame ya.
Y empujé, le metà la polla poco a poco y cuando la tuvo toda dentro ella seguÃa gimiendo.
-¡Ayy, ayyy, ayyy!
Entonces se acabó la lentitud. Me puse a galopar como un potro enloquecido, como un caballo salvaje.
-Toma, toma, toda para ti.
-SÃ, sÃ, AsÃ, asÃ, fóllame asÃ, sigue, sigue, no pares nunca, sigue, sigue.
Ella temblaba en mis brazos, yo lo notaba, disfrutaba sintiendo su deseo, disfrutaba con los tremendos orgasmos de aquella rubia cuarentona que me llevaba al cielo. Nunca he galopado como aquella mañana.
-Ayy, ayyy�
No pude aguantar más y mi semen volvió a brotar en oleadas. Pero yo sabÃa que mi polla todavÃa no habÃa tenido toda su recompensa. Sólo de pensar en aquel culo que me habÃa comido mi polla se volvÃa a poner dura. Ella, Alicia, entonces, se levantó y se metió en la piscina, yo la seguÃ, estuvimos nadando un poco en el agua. La piscina tenÃa una zona para niños, en la que cubrÃa muy poco, ella me llevó hasta ese lugar, se puso de rodillas y empezó a caminar como si fuera un perrillo. Sus caderas se movÃan cadenciosamente, su culo estaba allà apetitoso, llamándome.
-Sé que lo estás deseando �me dijo Alicia levantando la cabeza hacia mÃ-.Pero házmelo con mucho cuidado, que hace mucho tiempo que nadie me folla el culo y tú tienes una polla demasiado grande.
Ella seguÃa sonriendo como un perrillo, yo me puse de pie y me agarré la polla para que ella viera que estaba otra vez listo. Ella caminaba lentamente moviendo las caderas y yo me acerqué por su espalda, me puse también de rodillas como si fuera otro perrillo. La mordisqueé un poco el culete, me coloqué detrás de ella, primero la metà un dedito en el culete, después dos, después coloqué la cabecita de la polla en su culo, sólo la cabecita.
-Poco a poco, poco a poco, me decÃa ella.
Yo estaba excitadÃsimo, metà un poquito más la polla.
-Sigue, sigue, métemela toda �me dijo.
Pero yo continué lentamente hasta que toda mi polla estuvo dentro de su culo. Después me movà y me movÃ. Fue una explosión de placer. Me corrà por tercera vez, ahora no lo conseguirÃa, vale, lo reconozco.
Me caà destrozado y satisfecho en el agua de la piscina, ella siguió tumbada a mi lado. Fue el principio de una relación morbosa. Ella es una folladora tremenda y yo me dejé seducir por su mente calenturienta. Pero esa es otra historia.
Se admiten comentarios y sugerencias.
2 respuestas
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