Por
Anónimo
DESCUBRIENDO MI BISEXUALIDAD
Luego de 22 años de matrimonio, comenzamos a sentir con Inés una caída notable en el erotismo en la cama. Ambos nos mantenemos activos, delgados y hacemos una vida sana en la convicción que el sexo sería mejor, pero no funcionó como esperábamos. De modo que comenzamos a pensar en alguna táctica para encender el fuego que alguna vez nos mantuvo tan calientes.
Inés sale con amigas los jueves, días que aprovecho a jugar futbol con mis amigos y disfrutar de un 3er tiempo. Yo regresaba tipo 11.30 horas, pero ella un jueves comenzó a volver más tarde, situación que nunca me quejé, es su “noche de amigas”. Con los días, se sumó la escena típica del celular, que no se despegaba de su mano y ella se reía con lo que leía. Se encerraba en el baño, como una chiquilina para chatear…Claramente no eran las amigas. Hace tres meses que empezó a volver a casa para desayunar. Un jueves me dijo “te veo mañana al desayuno, antes que te vayas a la empresa”. Supe que algo estaba pasando.
Dejé pasar tres semanas y una noche estábamos acostados los dos mirando una serie y le dije” ¿vos en qué andas, llegando siempre al día siguiente…? Inés se acomodó girando su cuerpo, y apoyándose en mi pecho, sonrió, me tocó los labios y me dijo “¿Queres saber la verdad o te miento? Su tono sensual y desafiante me provocó una erección al instante. Me quedé en silencio, la miré a los ojos, y mientras trataba de ocultar mi erección la miré y dije “quiero la verdad”. Ella se sentó en la cama, notó mi movimiento de manos y dijo “me estoy comiendo a un chongo de 38 años, lo conocí en un bar, una noche que nos quedamos solas con Laura… ” Me quedé mudo pero encendido. Ella me tocó mi verga dura, y me dijo: “no pareces muy enojado…” La abracé, nos besamos y cogimos esa noche como hacía tiempo que no lo hacíamos.
Pasaron semanas e Inés seguía volviendo los viernes a desayunar. Una noche después de cenar me mostró el FB de Andrés, su chongo. El flaco estaba muy fuerte, era un tipo que hacía triatlón y “seguro minas le sobran”. Cuando le dije eso, Inés se calentó y me dijo “pero me lo como yo”. Nuestras sesiones de sexo mejoraron y ella me cogía mucho mejor. Una noche, me pidió jugar al masajista conmigo. Ambos estábamos pasados de copas, luego que le hice sexo oral un largo rato, me masajeó la espalda y sus manos fueron directo a mis nalgas para jugar con mi ano. Yo seguí la joda, hasta que me empezó a gustar. Yo estaba re caliente, borracho y la dejé hacer… Me metió primero un dedo y luego dos dedos, y viendo que yo gemía, puso su mano izquierda debajo de mi abdomen para empezar a masturbarme. Fue genial… Esa noche terminé con 3 dedos en mi ano, y ambos gozamos como nunca.
Inés seguía cogiendo con Andrés, el chongo de 38 años, quien tenía una moto de calle muy fachera, los jueves pasaba directo por casa a buscarla. Nuestro matrimonio de pronto se convirtió en una pareja abierta, pero de un solo lado. Casi sin dejarme reaccionar, Inés compró vibradores y luego de varias copas de vino comencé a experimentar que la penetración era lo mío. Ella me decía: “mi gordo cornudo… estás hecho un trolo feliz…”
Un fin de semana, Andrés la invitó a Mar del Plata. Inés volvió el lunes, pero ese finde fue interminable para mí. Cuando volvió me dijo “¿gordo…ya estás mirando porno gay…?” Ambos nos reímos. Sabíamos que era cierto. Inés solo quería cogerme con el vibrador, y que yo le hiciera sexo oral, nada más. Cuando me propuso conocer a un compañero gay de su laburo, Santiago, pensé nuestro matrimonio se venía abajo y le dije que no. Ella insistió y me garantizó que con Andrés era algo pasajero, pero que sentía que yo también tenía derecho a experimentar mi sexualidad a pleno. Accedí y salí con Santiago un jueves mientras ella estaba con Andrés. Santiago es un gay especial. Me invitó a su casa a comer sushi, tomar un vino exquisito y luego me pidió que toque unas melodías en el teclado. Me puse a tocar y de pronto tenía sus manos acariciando mis hombros y su bulto golpeando rítmicamente sobre mi espalda… Apenas me di vuelta para mirarlo, noté que su pija estaba esperando el giro de mi cabeza. Me comí ese miembro y desde ese momento Santiago me enseñó otra sensualidad. Terminamos en la cama, abrazados, por primera vez besé a un hombre y sentí el sabor de una mamada. Entonces, me pidió que me pusiera en cuatro, y se ocupó de lubricar bien mi ano. Cuando lo tuve dentro mío, sentí un dolor inmenso, pero luego le pedí que se quedara adentro así de duro toda la noche ….
Volví casa, ese día después que Inés. Ella me abrazó, me besó y me dijo: “ahora me toca a mí disfrutar a mi marido…” Me pidió que le contara mi sexo con Santiago. Cogimos con fuerza y con sensualidad. Ella estaba tan excitada como yo…
Andrés ya no la ve a Inés cada semana, pero yo sigo los jueves visitando a Santiago y nuestro matrimonio está como nunca. Descubrí la maravilla de la biseaxualidad.
Una respuesta
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