julio 28, 2020

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De cervezas y juegos de apuestas

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Nuestras mujeres se habían ido de viaje a Salamanca sin nosotros, así que decidimos quedar esa noche en casa de Ricardo a tomar cerveza. A nuestra edad es complicado tener este tipo de encuentros, y ninguno recordábamos la última vez que había quedado para tomar algo en casa de otro amigo, estando sólo chicos.

Llegué un poco tarde, así que, cuando entré a la casa de la playa de Ricardo, ya estaban todos. El anfitrión era el mayor de todos, 52 años bien conservados, calvo y con la cabeza afeitada, barba blanca y un pendiente en la oreja que completaba su look de motero duro. Me abrió la puerta con dos botellines de cerveza en la mano, ofreciéndome uno de ellos. En el salón estaban José y Enrique, tomando sus respectivas cervezas frente a un bol de nachos. José tenía 46 años, tiene barba y pelo negro, arreglado y un poco pijo, a su edad seguía volviendo locas a muchas chicas. Enrique es el más joven, tiene 32 años, ojos verdes, moreno de piel y una barba algo descuidada. Yo tengo 48 años, mi pelo tiene un tono gris claro debido a las canas y soy el típico viejoven que conserva su encanto a pesar de que se percibe claramente mi madurez. Los cuatro nos conocíamos del gimnasio, así que todos teníamos una complexión más o menos atlética, que variaba desde el corpulento Ricardo, hasta el delgado y fibrado Enrique; pasando por José y por mí que teníamos un cuerpo algo tonificado, pero con algo de barriga cervecera.

La noche pasó tranquilamente bebíamos cerveza y comimos las pizzas que pedimos a domicilio. Cuando parecía que nuestra quedada no daba más de sí, empezamos a hablar del poco sexo que habíamos tenido con nuestras mujeres en la cuarentena. Enrique nos contó que él había estado pajeándose por cam con otras chicas que encontraba a través de juegos online tipo strip poker. Nos hizo mucha gracia a todos, y ya que el alcohol nos tenía algo desinhibidos, le pedimos muchos más detalles. Yo, que llevaba sin masturbarme un par de días, empecé a notar cómo se me calentaban los huevos y pensé en irme a casa rápido para darme un gusto antes de acostarme. Sin embargo, José, que estaba divirtiéndose mucho con el tema, propuso que Enrique se conectara desde el portátil de Ricardo a esos juegos y nos enseñara a jugar. A pesar de que nos habíamos visto desnudos en los vestuarios, la situación de jugar al strip poker delante de los demás me parecía algo rara, ya que en esta ocasión nos desnudaríamos frente a una cámara y con un fin sexual. No obstante, antes de que pudiéramos pensarlo, Ricardo sacó el portátil y Enrique se metió en la página para ver si había chicas. Ante nuestra decepción, sólo había chicos conectados. Enrique nos confesó, que cuando estaba cachondo y no encontraba chicas alguna vez había probado a jugar en la página strip.one. En esa página subías una foto desnudo, ponías 6 barras que taparan tu imagen y conforme ibas fallando las preguntas que te hacía ibas perdiendo barras, hasta que, finalmente, tu imagen quedaba expuesta para todo el que entrara en la página. Entre risas, Ricardo dijo: “venga, no hay cojones a jugar”. Así que yo le animé a ser él el que empezara. Para mi sorpresa, accedió con la condición de que después de él jugáramos los demás.

Ricardo cogió el portátil y se fue al aseo, desde nuestros móviles nos conectamos a la página y vimos cómo la imagen de Ricardo iba perdiendo las barras que la tapaban. Había decidido enseñar la cara y se sacó la foto sentado sobre el váter. Primero se destaparon sus voluminosos pectorales con algo de vello, después su barriga, después su polla relajada y finalmente toda su cara. A mí me turbó algo ver a Ricardo así de expuesto, había una parte de nervios porque después me tocaría a mí, pero también algo de excitación sexual ante la exposición a la que estaba sometido mi amigo. Nunca me he sentido atraído por los hombres y pensándolo ahora de manera honesta, creo que lo que me provocó esa excitación tenía más que ver con la situación que con el cuerpo (objetivamente atractivo) de Ricardo. Volvió del váter conservando únicamente sus pantalones cortos deportivos y riéndose mucho. Había fallado todas las preguntas porque no sabía inglés y decía que no había entendido ninguna.

“Bueno, ¿a quién le toca ahora?”- preguntó. Sin pensárselo mucho, Enrique cogió el portátil y dijo “yo estoy acostumbrado. Si no os importa, lo voy a hacer aquí, que total, no hay nada que no hayáis visto”. Así que se desnudó en el mismo sofá que compartía con José, se tomó la foto y empezó a jugar. Entre la ligera nube de alcohol de mi conciencia, yo pensaba en lo extraño de la situación, pero aún estaba más extrañado porque que Enrique hubiese decidido desnudarse en medio del salón me producía más excitación. Al cabo de un rato, el cuerpo fibrado y sin vello de Enrique y su pene aparecían en la página para que todo el mundo lo pudiera ver. Él, que tenía algo de práctica, había logrado mantener dos barras que tapaban su cara y lo mantenían en el anonimato.

Después de eso, pasó el ordenador a José, y se puso los calzones. José puso un gesto de vergüenza, pero aun así accedió a jugar y empezó a desnudarse. Ver a José jugando algo avergonzado fue lo que terminó por hacer que mi excitación se subiera por el techo, y empezar a notar que se me ponía dura bajo los pantalones.

Cuando José terminó de jugar (acabó totalmente expuesto porque las preguntas le resultaron muy complicadas), yo estaba hecho un manojo de nervios. Llevaba unos buenos pantalones que tapaban mi erección, pero no quería que me vieran excitado. Así que, sin decir mucho, cogí el ordenador y me fui al aseo, como lo había hecho Ricardo, sin darles tiempo a reaccionar. Al llevar varios días sin correrme, no tenía forma de bajar la erección, así que decidí poner las últimas barras del juego tapando mi pene. Una vez hice la foto, sentí que prefería jugar fuera, para ver las reacciones de mis amigos en caso de que perdiera. Me vestí y ante la mirada risueña de mis amigos me dispuse a contestar las preguntas en el salón. En breve mi cara y mi cuerpo estaban expuestos ante la mirada de cualquier cibernauta, pero también de mis amigos, que miraban en la pantalla del ordenador mi desempeño. Conseguí acertar varias preguntas, por lo que mantuve las dos barras que tapaban mi erección hasta casi el final del juego. Tenía que acertar esas dos preguntas para que mis amigos no me dijeran nada de la erección. Fallé la primera y se revelaron mis pelotas y la base del tronco erecto de mi polla. Mis amigos empezaron a reírse, pero para mi sorpresa, en vez de meterse conmigo por estar excitado, empezaron a bromear diciendo que había llevado el juego un paso más allá. Totalmente desconcentrado, fallé la última pregunta y acabé totalmente expuesto ante la red, con una erección y mi cara totalmente visible. Al haber sido el último, dependía de que otra persona volviera a jugar para que mi foto dejara de estar expuesta.

“No es justo, ahora si no juega nadie voy a quedar expuesto durante más tiempo que vosotros”- dije.

“Y con la polla dura y todo, jajaja” – dijo Enrique.

Así que Ricardo propuso que tiráramos un dado y el perdedor tendría que jugar después mía y exhibir también una erección. Así lo hicimos y Ricardo salió perdiendo. Todos nos reímos mucho, pero Ricardo, sin aparentar ni un atisbo de vergüenza, se quitó los pantalones de pijama que tenía y empezó a masturbarse para ponérsela dura. Mientras que Ricardo se masajeaba el pene, observé que yo era el único que estaba completamente vestido. José y Enrique estaban en calzoncillos y se podía percibir su paquete empezando a crecer. Eso me relajó, me di cuenta de que entre el alcohol y la situación, se estaba creando un ambiente de morbo que nos ponía cachondos a todos.

En pocos segundos, Ricardo consiguió una erección completa (yo me quedé asombrado de cómo a su edad podía conseguir una erección tan fácilmente). La verdad es que Ricardo se gastaba un rabo bastante acorde a su cuerpo, ancho y fuerte. Obviamente, perdió todas las preguntas, porque no entendía ninguna. Así que su foto sustituyó a la mía. No obstante, parecía que Ricardo no le daba mucha importancia al hecho de que su cara y su rabo duro aparecieran expuestas en internet.

“Bueno, creo que no soy el único que está para la foto ahora mismo”- dijo señalando los paquetes de José y de Enrique. José, que era algo más vergonzoso se rio y trató de disimular su erección llevándose las manos al paquete.

“¿Qué? ¿nos pajeamos viendo porno como si tuviéramos 15 años?”- dijo Enrique. La verdad es que fue como si me hubiese leído la mente, porque seguía bastante cachondo y necesitaba descargar con urgencia. “¡Madre mía!”- dijo José. “¡Venga!”- dije yo. Acto seguido, Enrique se quitó los calzoncillos y nos mostró su erección, tenía un pene sin vello, más o menos largo y bien proporcionado. Yo empecé a desnudarme también y de nuevo pudieron ver mi pene de tamaño normal y bastante venoso, con el vello púbico recortado para que quedara al mismo nivel del que me cubría la barriga y los pectorales. Jose, que parecía más reticente, se dejó llevar y se bajó también los calzoncillos, mostrando un rabo bastante gordo para su longitud. Mientras que esperábamos a que Ricardo pusiera algo de porno en el ordenador nos meneamos un poco los rabos. La escena me resultaba entre graciosa y tremendamente sorprendente.

“¡Oye! ¿Y por qué no jugamos a los dados otra vez? Los dos que pierdan tienen que pajear a los ganadores”- dijo Ricardo.

La cara de José era un poema – “¡Claro, o que nos la chupen, jaja!”- respondió de manera irónica.

“No hay huevos a apostarnos eso”- dijo Ricardo. “Entonces que sólo pierda uno” – dijo Enrique siguiéndole el juego de nuevo.

A mí todo me parecía una locura por mucha cerveza que hubiese bebido, pero estaba tan cachondo que todo me daba igual con tal de correrme, y no sé por qué, tenía la certeza de que no iba a acabar metiéndome un rabo en la boca. Así que me sorprendí aceptando el juego.

“Estamos locos… Venga…”- dijo José para aceptar participar. Se podía apreciar en el ambiente lo nerviosos que estábamos todos, pero aun así, cada uno cogimos un dado y lo lanzamos a la vez. El dado de José marcaba un 1, frente a mi tres y a los dos 5 de Enrique y Ricardo.

 “¡Me cago en mi madre!”- gritó José.

Él, que era el que más reticencias tenía hacia el juego, había acabado siendo el perdedor. Ricardo, con toda la naturalidad del mundo, se levantó del sillón y puso su polla dura delante de la cara de José. Enrique miró entre risas a José y le dijo “una apuesta es una apuesta”. Así que ante mi sorpresa José se puso a chupar la polla de Ricardo. Vi que Enrique empezó a pajearse mientras esperaba su turno, así que yo me puse a hacer lo mismo muy suavemente, ya que estaba bien cerca de explotar. Al rato, José empezó a chuparle la polla a Ricardo como un profesional, y comenzó a mover su cabeza rápidamente para hacer que Ricardo se corriera. Ricardo empezó a respirar muy fuerte y al poco se apartó de José y disparó una buena corrida al suelo, dejando caer accidentalmente algo de semen en la rodilla de José. El rabo de José no sólo seguía duro, sino que además pegó un pequeño salto a la vez que Ricardo se corría. Observar ese detalle me puso a tope y de manera totalmente descontralada me levanté y le agarré la cabeza a José para hacerle comerme el rabo. José se dejó llevar y sin darme cuenta, en menos de un minuto estaba corriéndome en su boca. “¡Hijo de puta!” – me dijo José cuando le dejé apartar la cabeza de mi cuerpo mientras que escupía mi lefa en mi barriga. En ese mismo momento me puse rojo al darme cuenta de lo que había hecho, pero José no reparó demasiada atención en mí y se puso de rodillas frente a Enrique con cara de resignación y de querer terminar la faena.

Ricardo, que venía de lavarse las manos, se agachó detrás de José y empezó a pajearle mientras que José se esmeraba en hacer que Enrique se corriera. A José pareció gustarle la deferencia de Ricardo al pajearle, porque se puso a comer la polla de Enrique con más ímpetu. En un par de minutos, cuando Enrique estaba cerca de correrse, se levantó del sofá y tiró su lefa sobre el pecho peludo de José y algunas gotas cayeron sobre la barba de Ricardo. Este no le dio mucha importancia, y siguió pajeando a José, que se corrió entre estremecimientos a los pocos segundos tirando toda su lefa al suelo.

“Sois muy cabrones”- dijo José al terminar. Todos nos empezamos a reír y comentamos cómo se había desmadrado la noche. José normalizaba el haberse comido tres pollas como una simple apuesta humillante más y Ricardo explicó que se había puesto a pajearle porque ya que él había sido el que propuso el juego, se sentía un poco culpable de que José hubiese perdido. Miramos la página de strip.one y la foto de Ricardo ya había sido reemplazada por la de otro jugador. Ricardo nos ofreció las dos duchas de su casa para que nos aseáramos mientras él limpiaba los restos de semen del suelo. Cuando ya estábamos duchados y de vuelta al salón, sacamos otros temas de conversación para quitarle importancia a lo que habíamos hecho y decidimos quedar al día siguiente otra vez con la excusa de que al estar solos en casa no teníamos nada que hacer.


Relato editado el 29/01/2024

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3 respuestas

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