Las mejores vacaciones
Escurrió las últimas gotas de semen sobre su clÃtoris, inflamado y brillante, y dejó reposar su miembro, ya exhausto, sobre su vulva hinchada y enrojecida�. HabÃa tardado tiempo en llegar, pero la ocasión habÃa merecido la pena.
No era ése el primer año en que C. y M. pasaban juntos las vacaciones de verano, con sus respectivas familias. A M. siempre le habÃan atraÃdo enormemente las carnes prietas y abundantes de C., ésas que sus ceñidos bañadores apenas podÃan contener, y, sobre todo, sus enormes pechos, dos tetas aún bien enhiestas, pese a lo descomunal de su tamaño, y que, en tórridas tardes de siesta, habÃa imaginado mientras se masturbaba una y otra vez, sin que ella, pese a que frecuentaban playas de ambiente nudista, en que la desnudez general invitaba a liberar la piel de la esclavitud de las prendas, hubiera cedido jamás a sus insinuaciones de que las dejara al aire para que, al menos, pudiera disfrutar de su visión. Más allá de eso, solo algunas bromas cruzadas, en las que no parecÃa haber interés sexual alguno por parte de C., que, aunque no era una mojigata, tampoco parecÃa demasiado interesada en su cuñado.
Tampoco era ésa la primera tarde en que ambos habÃan quedado solos en la casa de la playa; todos los demás, después de la comida, habÃan bajado a darse un chapuzón, pero ellos prefirieron quedarse a descansar. C. marchó a su habitación, mientras que M. se pertrechó de un libro para tumbarse con él en el sofá del salón: pronto le venció la modorra, y comenzó a dormitar ligeramente, hasta caer en un sueño un poco más profundo.
No supo calcular el tiempo que habÃa pasado, pero sà se despertó sobresaltado y de un respingo, comprobando, con una mezcla de estupor y agrado, que C. estaba de rodillas a su lado, acariciando por encima del bañador un miembro que ya empezaba a alcanzar dimensiones más que respetables.
– ¡¡¡Qué haces, �cuñá��!!!
– Me he levantado y, al venir a beber agua, te he visto durmiendo y me he fijado en cómo se te habÃa puesto esto de la entrepierna. Que, por cierto, vaya tela, qué barbaridad�
– ¿Qué? ¿Te gusta? Aún no ha terminado de ponerse a punto, pero si sigues acariciándola no va a tardar�
Sin mediar palabra, ella sacó la pieza fuera del bañador, y sujetándola por su base, comenzó a acariciarla suavemente, mientras esbozaba una sonrisa maliciosa:
– Vaya pollón, �cuñao�; no me imaginaba que tuvieras esto tan grande. Creo que lo vamos a pasar muy bien�
– Ya lo creo, ya� Ven, déjame que yo también te ponga a punto a ti.
Ella obedeció con rapidez, y, sin soltar la herramienta, que no dejaba de acariciar arriba y abajo, se colocó a horcajadas sobre él, de manera que su coñito, aún cubierto por un bañador que ya mostraba una mancha de humedad más que evidente, le quedaba completamente a mano. M. le retiró sin más demora la tela de la entrepierna y dejó al descubierto una vulva que, como resultado de la brutal excitación de C. , chorreaba un flujo espeso y abundante que se enredaba entre la mata de vello púbico rojizo que apenas cubrÃa la carnosidad que se le ofrecÃa totalmente abierta. Esto endureció aún más, si cabÃa, el miembro de M., que adquirió no solo una dureza rocosa, sino también su máximo esplendor.
– Por favor, chupámelo, necesito estar muy lubricada para que me metas todo esto�
M. no se hizo rogar más, y comenzó a aplicar lengüetazos rápidos y profundos sobre los labios y el clÃtoris de una C. que comenzó a lanzar gemidos de placer, sin por ello dejar de masajear vigorosamente toda la artillerÃa de su cuñado, tanto el �cañón� como las �bombas�, que no tardaron en estallar, provocando la primera de las corridas de un M. que, entre gemidos y estertores, proyectó un bestial chorro de semen sobre el escote del bañador de su cuñada.
– Aaaggghhh, ¿ya�?
– No te preocupes, el armamento está a punto para seguir trabajando �M. la tranquilizó, sin dejar de chupar golosamente un coño que también lanzaba efluvios lÃquidos cada vez más copiosos y se enrojecÃa y ensanchaba notablemente, preparándose para la inminente recepción de un visitante más que esperado.
C. comprobó con poco disimulado gozó que, efectivamente, su cuñado no le mentÃa, y que su miembro mostraba de inmediato el mismo vigor y, sobre todo, el mismo calibre del que habÃa estado disfrutando durante los minutos anteriores:
– Vaya, �cuñao�, es verdad, ya lo tienes otra vez a tope �dicho lo cual, comenzó a lanzar los alaridos que provenÃan del primero de los varios orgasmos de que iba a poder disfrutar esa tarde: una corrida tan salvaje como la de M., y que, al igual que a éste, la dejó perfectamente preparada para acoger esa tranca a cuyas dimensiones apenas podÃa dar crédito�. Quiero que me la metas ya, pero despacito, por favor, no me han follado nunca con algo tan grande.
– Tranquila, tienes el chocho muy empapado, esto va a entrar sin ningún problema�
Frotó varias veces el clÃtoris con el glande, y, a continuación y sin más espera, clavó toda su verga en el interior de su coño; como preveÃa, M. no encontró la más mÃnima dificultad para insertar la totalidad de su miembro en una gruta que ardÃa y chorreaba a la vez, empezando a bombear con un ritmo suave y que iba creciendo poco a poco. Apenas pasaron unos minutos de folleteo vigoroso cuando C. volvió a correrse, de manera que la lubricación de su chochito alcanzó su grado máximo, permitiendo con ello a M. encajarle el nabo hasta la base y facilitando que sus acometidas fueran aún más fuertes. De esa manera, no tardó M. tampoco en correrse de nuevo, extendiendo su cremosa descarga sobre la espalda de C.
– Ay, cuñao, qué bueno, vaya pedazo de polla… Mis tetas quieren agradecerte todo el gustito que me estás dando�
C. se desprendió de un tirón del bañador y dejó al descubierto esas enormes tetas con las que M. venÃa soñando desde años atrás: el espectáculo, desde luego, merecÃa la pena, y la �respuesta� de su miembro, que, momentos antes, habÃa comenzado a dar muestras del lógico desfallecimiento provocado por dos corridas consecutivas, no se hizo esperar. Se acercó a C., que se habÃa tumbado nuevamente sobre el sofá, y, tras sobarlo y salivarlo suavemente, incrustó su herramienta en el canal; a los dos le sorprendió que, pese a su descomunal tamaño, desapareciera entre la inmensidad de esos dos pechos, pero esa desaparición fue breve, de manera que el glande de M. empezó inmediatamente a percutir sobre la barbilla de C., que sacó su lengua para empezar a lamerlo con fruición.
– Uhmmm, qué rico, ¿te gusta la paja cubana, �cuñao��?
– Joder, que si me gusta, vaya melones�
M. sujetaba con fuerza esas tetas que sus manos apenas abarcaban en una mÃnima parte, apretándolas entre sà para estrechar un canal por el que su tranca se deslizaba cada vez con mayor fuerza, encontrando siempre, al final del camino, los chupetones de C., que procuraba retener el glande en su boca como si quisiera exprimirlo hasta la última gota. Pero M., que sabÃa que no iba a tardar en volver a correrse, querÃa regar con su caldo esas adoradas tetas, y cubrir de blanco sus pezones, oscuros y muy grandes.
– Aquà tienes, �cuñá�: cremita de leche para tus tetitas� �M. las regó abundantemente, extendiendo el viscoso lÃquido blanco por todas las mamas, ayudándose de su �pincel���. Y ahora creo que vamos a probar otro agujerito�
– No, por favor, por ahÃ, no; ¿qué quieres, matarme, cabrón�?
– No seas tonta, al principio igual te duele un poco, pero ya verás luego qué gustazo que te da�
Aun sin tenerlo muy claro, y con algo de temor, C. se dio la vuelta y puso sus inmensas nalgas a la vista de M. Éste comprobó, ciertamente, que el agujerito del ano estaba muy cerrado y que iba a ser prácticamente imposible meter por algo tan pequeño una estaca del calibre de la suya; pero no por ello iba a dejar de intentarlo: sin estar completamente empalmado, retiró el prepucio de la punta, y arrimó ésta a un agujero que, previamente, habÃa untado de saliva con un dedo. Empujó, y el aullido de dolor que provocó en C. la entrada de una mÃnima parte del glande, le hizo desistir de inmediato. Pero la postura de ésta, con el culo en pompa, le ofrecÃa una vista inmejorable de un coñito aún palpitante y húmedo, y ahà sà que no tuvo problema alguno en clavar una polla que, a la primera embestida, ya recuperó toda su dureza. Además, las corridas anteriores habÃan conseguido que su depósito estuviera ya casi vacÃo, con lo cual esta última galopada iba a ser mucho más larga que las anteriores.
Efectivamente, C. habÃa perdido la cuenta de cuántas veces se habÃa corrido en el momento en que M., con su respiración agitada y el nabo a punto de explotar, le avisó de que iba también a correrse… Fue el final de una tarde gloriosa, que no serÃa la última de aquel verano y los siguientes.
2 respuestas
-
Compré lеncеrÃа sеxу nuеvа. ¿Quiеres vеr? – http://analsex4.fun
-
Stop jerk off. I know a site where thousands of single girls are waiting to be fucked. Look at them: http://xnice.fun/rt


Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.