
Por
Anónimo
Mi hermana. H(23), M(20). (Parte 1)
No se por donde empezar a contarles sobre mis experiencias con mi hermana M(20); para entrar en calor, contaré lo que me marcó hasta el día de hoy, pero no necesariamente lo más impactante. Mi hermana, que la llamaremos «Sandra», tendría en ese tiempo unos 20 años más o menos. La cosa empieza cuando ella entra a la universidad conmigo, yo ya estaba ahí en ese tiempo, tendría un par de años más que ella, ya iba de salida y ella iba entrando.
Mi hermana es bajita, mide un metro y medio, más o menos y es ligeramente gordita. De tez blanca y ojos cafes. A pesar de su no tan marcado físico, hace que los hombres se la coman con los ojos, gracias a ese precioso par de piernas y esos glúteos grandes y redondos que tiene, sin lugar a dudas, sus posaderas han sido una bendición y una maldición para ella desde los 10 años, quizás, que fue cuando le empezó a crecer sin control. Su forma de ser es neutral en público, pero todo lo contrario estando en confianza (Al menos en aquella época); la cosa es que cuando ella entró a la Uni conmigo, mi madre me obligó a llevarla todas las mañanas a sus clases, a pesar de que yo iba al turno vespertino; ahí es donde realmente empieza todo jeje. Quizas mi madre sin querer inició todo, pero bueno… Continúo; al llevarla a la escuela por primera vez, fuimos caminando ya que realmente no era muy lejos. En el viaje de ida yo me di cuenta de la hermana que tenía, ya que me fijé en el primer hombre que la veía. ¡Dios mio! Puedo jurar que la desnudaba y cumplía sus más perversas fantasías con solo la mirarla, ahí, al ver esa reaccion de aquel tipo de 40 y tantos de edad, fue lo que me excitó por primera vez. Bueno, ese señor solo fue el primero, porque recuerdo bien que ese día y esas 4 o 5 cuadras fueron una lluvia de miradas y de piropos para ella, como dándole la bienvenida a su primer dia de clases y dándole también la lección de lo que iban a ser largos años para ella. Ese día recuerdo dos piropos, nada más el clásico «Mamasita» y «¿A dónde tan solita?», los dos dichos por un par de señores que iban en una camioneta; la reacción de mi hermana fue simplemete voltearse a ver si se lo decian a ella y luego ignorarlo todo, claro que con algo de vergüenza. Ella giró su cabeza unos metros más adelante para ver si yo venía con ella, pero quizás fue por verguenza o por excitación, que lo que hice fue dejar que camine por delante de mí, unos 3 metros aproximadamente, para que no se notara que iba con esa chica tan voluminosa y con esa falda amoldada por sus carnes. Cuando llegamos a la escuela, la dejé y noté su mirada muy seria; con algo de miedo y con la voz un poco cortada le dije «En la tarde paso a recogerte», acto seguido, ella se volteó y ya al ver a sus amigas, sonrió, dando a entender que estaba más relajada. Así pasó el día, yo llegué a casa directo al baño, lleno de confusión, con el fuerte deseo de tocarme pensando en lo que pasó y esperando a que llegue la hora para ir de vuelta a por ella. Ese día fui a recogerla solo. De regreso, más de lo mismo, miradas directas a su parte trasera de casi todos los hombres que la veían, especialmente la gente que pasaba los cuarenta años, (mi hermana es un imán de maduros jejeje).
Una respuesta
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