Playa del deseo (parte 1)
Cuando era niña era muy callada, crecà en una familia conservadora asà que me tapaba el cuerpo completamente y sólo pensaba en estudiar, nada de chicos ni fiestas pero la verdadera historia comenzó cuando salà en verano con mis amigos a una playa alejada de la ciudad donde vivÃa, me habÃa costado mucho trabajo convencer a mis padres para que me dejarán ir, aunque al final aceptaron y me compraron un traje de baño de una sola pieza, aquella prenda era nueva para mi asà que el primer dÃa me mire en el espejo de pies a cabeza, tal parecÃa que mis 20 años me habÃan sentado bien, mis pechos habÃan aumentado considerablemente al igual que mis glúteos que se movÃan cada que daba un paso como invitando a cualquiera a tocarlos, pero aún asà no era capaz de mostrar aquel cuerpo a todos, sentÃa algo de vergüenza y no dejaba de pensar en que aquello estaba mal, por suerte tenÃa a mis amigas que me animaban y me pedÃan ser menos penosa asà que tome valor y fui con ellas luciendo ese atuendo desde el hotel hasta la orilla de playa.
Pasaron varias horas antes de meterme al mar pero cuando al fin lo hice empece a sentir un cosquilleo cerca de la entrepierna, me revise y encontré a un extraño pescado mordiendome, al principio no le di importancia y lo dejo ir pero después de unos minutos la herida que habÃa dejado se sentÃa caliente haciendo que aquella sensación se expandiera por todo mi cuerpo, no tenÃa idea de por que pero era demasiado agradable, como si alguien o algo tocara mi vagina sin parar, mire a todas partes pero sólo veÃa a mis amigos que jugaban con una pelota de playa muy lejos de donde estaba, tenÃa que a ver alguna explicación, pero antes de poder pensar con lógica una idea me llego a la cabeza, ¿qué tal si sólo era una puta?, que tal si era yo la que se ponÃa caliente de sólo lucir algo tan pervertido…Aquel pensamiento me atacaba la cabeza pero no lo entendÃa, jamás habÃa pensado en eso, jamás me habÃa sentido asÅ¿por que justo en ese momento me llegaban esas ideas?, justo cuando estaba con mis compañeros y a plena luz del dÃa, pero no lo podÃa evitar, realmente creÃa en todo lo que mi mente decÃa asà que me toque los pechos por encima del bañador dejándome llevar por tanto placer, se sentÃa increÃble, podrÃa quedarme asà todo el dÃa y lo hubiese hecho de no ser que uno de mis compañeros se me acerco un tanto inquieto.
-Ximena, ¿estas bien?, estas toda roja.
-C-Claro, sólo es el calor. -Deje de tocarme en ese instante y lo mire nerviosa, la verdad es que de ser otro de mis compañeros seguramente se hubiese dado cuenta de lo que hacÃa pero Javier se caracterizaba por ser un ingenuo en todo, sobre todo en chicas.
-DeberÃas regresar entonces.
-Claro, eso haré.- Tal como el me aconsejo regrese al hotel totalmente confundida y me recosté en la cama esperando que nadie más hubiese visto de esa forma, aunque tenÃa que aceptar que una parte de mi deseaba haber gritado más fuerte para que me notarán, aún si eso significaba perder a todos mis amigos. Me levanté con esa idea en la cabeza y me mire en el espejo como aquella mañana pero esta vez todo era diferente, ya no era la niña miedosa que se tapaba los pechos para que no la miraran, todo lo contrario, querÃa que todos me vieran, querÃa gritar y gemir, incluso querÃa cambiar mi cuerpo para que sólo sirviera para una cosa… Sexo… Y no podÃa esperar un sólo segundo para mostrarle a todos mi nueva yo. Tome unas tijeras y recorte dos cÃrculos en mi traje de baño, justo donde iban mis senos y los acomode para que estuvieran al descubierto.
-Es perfecto, pero falta algo abajo. -Con la misma herramienta hice otro agujero en la entrada de mi vagina y metà dos dedos viendo mis fluidos escurrir.
Era la imagen de la zorra perfecta, una que no aceptarÃa estar en una jaula asà que abrà la puerta perdida en tal placer y camine hasta la recepción recibiendo cientos de miradas y comentarios de todo tipo, pero sólo podÃa escuchar a quienes me llamaban perra, puta o tetona, cosa que me encantaba, deseaba que me violaran y perdiera la virginidad que hasta hace unas horas guardaba con tanta cautela pero hasta ese punto ya no tenÃa valor alguno, simplemente me encantaba y pude segur caminando hasta desmayar pero en cuanto salà del hotel escuche un grito agudo de una de mis amigas, Fabiola para ser más exactos.
-Ximena ¡¿que te paso?!, ¡¿Quien te hizo esto?!.
-¿Hacerme que?, ¿mi nuevo atuendo?. -Reà descaradamente y me toque los pechos.- ¿no te gusta?, me lo hice yo.
-¿Tu?, pero de que hablas, ¡tu no eres asà xime!, reacciona.
-Quizás tengas razón, Ximena no es asà pero yo ya no soy Ximena, una puta como yo nisiquiera tiene derecho a un nombre decente.
Al escuchar eso ella tembló y rompió en llanto, era obvio que no entendÃa aquel repentino cambió pero no me importada asà que sólo me di la vuelta riendo un poco.
-Tranquila desapareceré de tu vida y en cuanto regreses a la capital mejor avÃsale a mis padres que me quede a hacer una nueva vida aquÃ.
Ya en mi habitación cerré la puerta de con llave para que nadie me molestara mientras empacaba y en cuanto termine salà con ropa normal sólo para no recibir más molestas «llamadas de atención» por parte de la policÃa. Como era algo tarde nadie me detuvo pero aún asà lograba escuchar los llantos de mis amigas en la habitación de a lado, aunque sabÃa que en cuanto pusiera un pie fuera de ese hotel esas chicas ya no serian mis amigas.
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Este es mi primer relato, por favor comenten y dÃganme que les gustarÃa leer.
2 respuestas
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