Yo y el peón Publicado por anónimo el 01/08/2013 en Interracial

"Tenía 17 años, era virgen, y estaba muy curiosa de probar el sexo por lo que mis amigas contaban"

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Tenía 17 años, era virgen, y estaba muy curiosa de probar el sexo por lo que mis amigas contaban. Empecé a buscar en internet y me fasciné con videos de hombres negros haciendole el amor a mujeres rubias como yo.

Soy una rubia bonita, delgada, de 1,70 m, con lindo trasero, senos, y piernas. Practico deportes y estoy muy firme, por lo que sabía que podría volver loco a cualquier hombre.

Como cada fin de semana fui a la hacienda de mi padre, pero esta vez iba decidida a probar el sexo, y nada mejor que con un desconocido.

Llegamos temprano el sábado y salí a buscar un peón que me despertara el morbo. A las 2 horas entré al laboratorio de genética de la hacienda. Allí encontré a un peón que limpiaba. Al reconocerme me saludó con respeto, pero noté como miraba mis piernas. Llevaba una minifalda sin nada debajo y había depilado muy bien mi pubis. El peón era un negro alto, delgado pero musculoso, y su rostro muy viril pero poco atractivo. Me senté en una silla y le pedí que amarrara mis tenis, diciendole que me dolía la espalda. Al agacharse separé mis piernas y el pudo ver mi pubis. Me miró excitado y le dije: ¿Te gustaría hacerme tuya?, el hombre se paró asustado y excitado. Vi su sexo erecto bajo su pantalón y me acerqué a el agarrandoselo y le dije: Quiero que me desvirges por todos lados, nunca he estado con un hombre pero me muero de deseo por estarlo.

Empecé a desabotonar su pantalón, baje su cierre, y descubrí su sexo. Era largo y grueso, su piel era muy suave y oscura, y su glande estaba mojado y baboso. Me arrodillé y lo metí en mi boca, fue algo delicioso, me gustó mucho aquello y empecé a mamarselo con deseo, me imaginé que nos filmaban y mi deseo creció mucho. Estaba desatada, me gustaba mucho lo que hacía. Pronto el tomó mi cabeza y empezó a moverlo con violencia, descargando un delicioso chorro de semen que me bebí con gran deseo.

Al recuperarse me montó en una mesa, abrió mis piernas y empezó a satisfacerme oralmente. Tuve un orgasmo tremendo y gemí sin reprimirme, entonces él tomó mis caderas, colocó su huevo en mi vagina, y empezó a metermelo. Lo hizo despacio, sentí que me dolía y di un gemido de dolor.

¿De verdad es tu primera vez? Si, contesté. Empezó a moverlo muy suavemente en mi entrada, y de pronto lo hundió de un golpe hasta la base. Sentí un desgarrón y grité de dolor, entonces empezó a moverlo con ternura y deseo, mi dolor cedió y empecé a disfrutar aquello. Me sentía completa, llena, poseida, cogida, mi cuerpo empezó a moverse fuera de control y el aceleró el movimiento, en mis entrañas explotó un orgasmo tan intenso, que quede casi ciega, mis oidos retumbaban, y mi cuerpo se durmió, pero sentía un placer indescriptible, y gritaba fuera de control. El peón se vino e inundó mi vagina con su semen. Nos abrazamos y comenzó a besarme con gran ternura. Me abracé y supe que si el cielo existe, era ese.

Después de besarnos y acariciarnos larga y lentamente me preguntó si quería disfrutar por el trasero. Si, si, si, fue mi respuesta.

Me giró y empezó la lamer y chupar mi ano lubricandome con mis propios fluidos y los suyos. Poco a poco me fue dilatando, lo hizo sin apuro y sin dejar de acariciar mi coñito, al verme lista me colocó de espaldas a el pidiendome que le levantara el trasero, yo temblaba de deseo, entonces colocó su pene en mi ano y empezó a metermelo. Sentí molestia, su sexo era enorme, el introdujo semen de cerdos en mi ano y empujaba su sexo más y más en mi, retrocediendo al ver que me dolía. De pronto mi cuerpo cedió y sentí un fuerte dolor mientras su sexo me llenaba completamente. Comenzó a cogerme y poco a poco el dolor se fue quitando. Me sentí sucia, cochina, puta, pero eso me excitaba mucho, además sus dedos masturbandome me hicieron olvidar del mundo y tuve un fuerte orgasmo, pero él continuó gozandome y pronto me vine nuevamente, poco después el eyaculó por tercera vez en mi cuerpo. Quedé rendida, mis piernas me dolían, estaba agotada. El peón me beso con ternura largamente diciendome lo bella que era, pero era hora de ir a almorzar. Me pidió que nos vieramos más tarde y accedí. En la tarde me llevó a una colina, donde nos besamos, acariciamos, y amamos sin apuro, con total libertad, sin reprimir nuestros gemidos, jadeos, y gritos de placer. Le dije que quería dormir en sus brazos y dejé mi ventana abierta esa noche. El entró y me encontró desnuda en la cama, se desnudó y me abrazó, pero esa noche solo dormimos, pues estabamos agotados. El había eyaculado 7 veces en mi cuerpo ese día, y yo había tenido muchos orgasmos.

Al día siguiente copulamos 4 veces más.

Han pasado 4 meses y cada fin de semana tengo una agotadora sesión de sexo con el. Nunca le he dejado decirme su nombre, aunque el sabe perfectamente el mio. Pero creo que estoy enamorada de él y deseo darle un hijo, para no perderlo nunca

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