Visita erótica de la Doctora

Una visita de la sexy y bella doctora termina de fomra inesperada para un afortunado adolescente

Un día me desperté temprano en la mañana con un me mal estar general que me invadía y de hecho no me dejo alistarme para ir al colegio ese día. Por su parte, mis hermanos prepararon sus cosas y se fueron. Mi madre, que también debía irse, pero a trabajar, me preparó algunas hierbas y me dijo que si seguía con el mal estar, no dudara en llamar a nuestra doctora de cabecera, que siempre que se la necesita, nos hace una visita para chequearnos.

Es así como entrada la mañana y con una sensación bastante desagradable en el cuerpo decidí tomar el teléfono y llamar a la consulta. Me contestó una secretaria y le dije lo que necesitaba, a lo que respondió que la doctora se encontraba cerca de mi casa en ese momento y que no tenía una cita programada hasta entrada la tarde, por lo que estaría llegando en unos minutos. Yo me preocupé de estar lo más decentemente posible ante esta visita y puse mi mejor cara al abrirle a esta bella y joven mujer de ojos claros y cabello oscuro que se presentaba en mi puerta. Hacía mucho tiempo que yo no me atendía con ella, de hecho no la recordaba muy bien, pero ella al parecer sí, ya que al verme inmediatamente me ha dicho -¡Martín!¡pero que grande estás, eres todo un hombre ahora- Yo, mientras tanto, solo atinaba a recorrerla con mi mirada, tenía un cuerpo fantástico que me atraía como ninguna otra chica lo hacía, parecía joven pero con experiencia, y su mirada -debo reconocer- me invocaba respeto, pero a la vez me atraía todavía más.

Ya en mi habitación, se dedicó a hacerme las preguntas de rutina, referidas a los hábitos de vida y a mis síntomas, pero también mostrando interés por mi vida, me pregunto si ya había decidido lo que quería estudiar en la universidad, como me iba con las chicas, en fin, una conversación agradable que complementé preguntándole a ella por su vida también, con lo que se estableció un ambiente bastante grato, para una visita médica.

Una vez terminada esta introducción,sacó de su bolso un estetoscopio y al mismo tiempo me pidió que me desvistiera. Yo, un tanto pudoroso, me limité a sacarme la polera, quedando semi desnudo frente a esta mujer que me agradaba de distintas maneras cada vez más. El frío penetrante de aquel aparato fue seguido de una voz dulce y suave que decía -Wow tienes muy buen físico!, seguro entrenas duro- a lo que un tanto sonrojado respondí que entrenaba un par de veces a la semana. Ella respondió -Me parece muy bien,y déjame decirte que los resultados se notan-. Ya guardado el aparato, sacó de su bolso unos guantes blancos de látex y complementó esto diciéndome -Martín, ahora por favor desvístete que necesito hacerte el chequeo físico completo que hace tanto tiempo no te haces, mira que estás muy crecido.- Acto seguido, yo figuraba bajándome el buzo del pyjama frente a los ojos de mirada potente de la atractiva doctora, que parecía esbozar una leve sonrisa, un tanto seductora, que por un lado me encantaba, pero que por otro me llenaba de vergüenza al mostrarme así ante ella, después de todo era una mujer mayor que yo, y que prácticamente acaba de conocer, después de tanto años de no atenderme con ella. Así entonces, quede parado sin nada más que unos slips ante ella. Ante esto ella me dijo -Sácate los calzoncillos también Martín, necesito examinarte a fondo. No sé si mi expresión facial habrá delatado la profunda vergüenza de mostrarme totalmente desnudo ante una mujer tan atractiva y seductora, pero que a la vez me invocaba respeto y admiración con su mirada penetrante. Le obedecí, me saqué los calzoncillos, los dejé a un lado con el resto de mi ropa, y me tendí sobre la cama para que pudiera realizar este inesperado y un tanto incomodo chequeo por fin.

Es así como, en cuanto se sentó al lado de mi cama y puso sus manos cubiertas por los guantes en mi entrepierna, me dijo -Vaya Martín si que estás crecido tú ah, veo que tienes esta zona muy poblada de vello... No es que tenga nada en contra de eso, después de todo eres un adolescente, pero para examinarte de mejor manera sería conveniente hacer una afeitada.- Yo sin ni un pero, le dije que si, adelante (después de lo embarazoso del momento no podía decirle que no me despojara de mis pelos púbicos). Entonces, sacó una afeitadora y un poco de espuma. Se sacó los guantes y la esparció suavemente por mi escroto, la base del pene y por mi abdomen bajo. Me dijo -Vas a quedar espléndido Martín, casi como un niño...excepto bueno por...- y justo en ese momento paso su mano por mi verga, con lo que hizo que por mi mente paran las ideas mas locas e inconcebibles, que quien hubiera sabido, estaban prontas a hacerse realidad. Tomó la razuradora y la pasó por todas partes, dejándome totalmente lampiño, como un niño prácticamente. Después limpió con una toalla, y al notar mi mirada atónita ante esta escena, soltó una dulce pero lasciva risita y dijo -Lo sé, al despejarlo todo uno ve realmente el tamaño de las cosas.- Con lo que consiguió sonrojarme todavía mas, pero también gatillar en mi una sensación de adrenalina que se esparció rápidamente por todo mi cuerpo. A esto le siguieron las palpaciones que hacía con sus manos desnudas por mi pene y acariciando mis bolas. Finalmente, bajó mi prepucio y descubrió algo inesperado. Justo cuando lo retiró y dejó al descubierto unos rastros de semen, fue cuando recordé la paja que me había hecho la noche anterior. Había sido de las buenas, pensando en una mujer muy parecida a ella, bella, joven pero con experiencia y con un cuerpo espectacular, que ahora empezaba a notar por entre esa bata blanca que le tapaba poco y nada esas piernas esculturales, ya que por lo visto llevaba una minifalda, y ese escote que dejaba algo, no mucho a la imaginación. Fue ahí cuando dijo -¿Martin? ¿Me puedes explicar esto?...¿Qué has estado haciendo?.- Ante esto yo no tenía las mínima idea de qué responder y solamente solté un titubeo que no explicó nada, me sentí vulnerado y avergonzado, estando ahí tirado en mi cama desnudo e indefenso ante su mirada implacable.

Así fue como ante mi estado de vergüenza total ella me dijo -Espero seas lo suficiente machito para repetir lo que haz estado haciendo aquí al frente mío.- Se paró y se sentó al frente de mi cama, yo podía ver como mi verga estaba dura, de manera casi inconciente, puesto que yo seguía paralizado e invadido por el nerviosismo que me provocaba ella. Abrió sus piernas, con lo que dejó ver una excitante ropa interior con una pequeña marca húmeda, e introdujo su mano en su entrepierna, con una expresión facial tan ardiente y seductora, que me quitó el sueño por meses. Luego comencé a hacerme la paja de la forma más intensa que lo había hecho en mi vida y no fue muy tarde hasta que me vine por primera vez esa mañana. No tardó en pararse, sacarse la bata y la blusa, bajarse la falda y abalanzarse sobre mi cama. Yo seguía extremadamente excitado, ante tal escena no es para menos, era la mujer más bella que había visto, su cuerpo bronceado y esas tetas perfectamente paradas que comenzaba a divisar a medida que se sacaba el seductor sostén frente a mis ojos. Ante esto recuperé la compostura, y saliendo de toda vergüenza me alisté a darla vuelta y ponerla boca arriba en la cama, mientras levantaba sus piernas y lentamente le sacaba los colaless. Una vez realizado esto, quedó a la vista su vagina perfectamente afeitada y rosada, solamente con una delgada y estilizada línea de delgado vello sobre su clítoris. Fue ahí cuando sin más pensarlo la penetré vigorosamente, ella soltó un gemido placentero que complementó con un seductor -¡Fóllame bien Martín!, hasta adentro- Esa tibia humedad fue la mejor bienvenida. Seguí penetrándola como nunca lo había hecho en mi vida, era mi primera vez. Sus tetas se balanceaban con el movimiento y yo las sujetaba con mis manos mientras las acariciaba y recorría con mi lengua sus pezones, fue así como después de unos minutos de este bello espectáculo, su respiración comenzó a acelerarse cada vez más y de repente se estremeció, en es minuto sentí un poderoso chorro de líquido saliendo su vagina, y un gemido potente salió de sus labios, esto me hizo venirme nuevamente, pero esta vez fue mejor aún, fue más intenso y acabe dentro de ella complementando su eyaculación con ese liquido blanco que me había delatado, pero que tanto la había excitado.

Entonces, ella me miró, besó suavemente mis labios y me dijo -Eres mi paciente favorito, el más vigoroso y sexy de todos, espero verte pronto para un seguimiento a tu condición, te voy a agendar una hora. Nos vemos Martín.- A esto le respondí que de seguro, que había sido mi mejor chequeo médico, y que mi cuerpo estaba disponible para cuando quisiera examinarlo en profundidad nuevamente.

Así pués, quedé tendido desnudo en mi cama, sin ni un pelo en mi pene, con mis sábanas mojadas de su potente orgasmo y nuestro sudor nervioso. Fue un día que nunca olvidaré, y después de eso todo mal estar pareció desapracer, dejando espacio para la la más placentera de las sensaciones.

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