El día anterior, un vecino mío yn yo decidimos irnos temprano el domingo a la playa para pasar allí el día entero. A las nueve llamó a mi puerta y salimos los dos con las bolsas preparadas con todos los útiles de baño y bajamos por lasa escaleras abajo con suma rápidez. Nos metimos en mi coche y nos dirigimos a una amplis piscinz¡a que estazrába a 8 kilometros de la ciudad. Queriamos bañarnos y pasarlo bien e incluso comeríamos allí en un restaurante que tenían aquellas excelentes instalacioens rodeadas de flores y vegetación.
Mi vecino tenía 19 años y jugaba baloncesto en un club profesional y estudiaba arquitectura técnica. Era alto y corpulento. Medía 1\'96 y era musculoso. sus ojos eran azules pero lo más llamativo resultaba ser el enorme pie que tenía. Calzaba unoas zapatillas de deporte del número 50 y sus manos parecían palas. Sus espaldas eran anchas oeri su cintura era delgada.
Yo era menos corpulento. Medía 1\'72 cm y pesaba 7o kilos, mientras mi vecino llegaba a los 83 kilos. Yo calzaba u n40 de número y soy también delgado.
Compramos las entradas y nos dirigimos al interior del reciento arbolado. Nos fuimos directamente a la caseta de baño y allí abrimios nuestras bolsas para cambiarnos y sacar lo que necesitábamos.
Mi amigo se desvistió y se quitó la ropa para ponerse el atuendo de la piscina. Sacó de su bolsa una camiseta, un bañador rojo muy sexy y unas enormes havaianas nuevas del núm 50 qu7e compró, como yo también hice, el día anterior en una gtienda de deportes. Me llamarón la atención y por eso me fije bien. Eran de goma, muy blandas, con unas delgadas tiras amarillas y el piso era blanco matizado. Vamos, las típicas y que a mí tanto me gustaban. Se las puso y cuando veía como metía el pie en ellas el muy cabrón animaba mi brabgueta sin siquiera tocarme un pelo. Sí me dí cuenta de que la goma debía ser muy tierna pues, en cuanto asentó el pie en ellas, se veía como el canto de las inmensas chanclas (medían unos 3 cm de grosos las suelas) se expandían por los cantos y se hundía su pie en ellas. Aunque pesaba mucho, debían ser muy tiernas pues, conforme andab a por la casetadando enormes chancletazos que producía un ruido estridente, veía yo como iba marcando con las plantas de sus pieas el piso de las chancletas.
Yo también me puse mi equipo de baño. Consistía éste en una sudadera azual marino y un bañador de riso del mismo color y otras havaianas que compramos el día anterior. Las mías eran identicas. Solo que eran un 40 y eran de color turquesa, las tiras de igual color y el piso era blanco fuerte. Cuando me puse todo ello, noté que las chanclas eran, ciertamente, muy suaves y muy agradables y los pequeños rombos, casi imperceptibles y de poco relieve que tenía en el piso, servían para masajear suavemente los pies mientras se caminaba con ellas puestas y, desde luego, dando chancletazos que sonaban como si llevaras unas lip flops americanas. Cuasndo me las puese, pese a que yo pesaba menos que mi vecino, note también que mi pie se hundía en el piso de sus suelas. Estoy seguro de que, cuando las tuvieramos un par de semanas, ya las habríamos desfiondado. Pero el placer que producía llevárlas y el ruido que hacían conseguían que todos los fetichistas se empalmasen. Eso lo noté pues, cuando salíamos al exterior, nos convertimos en punto de atención de todos los circunstantes y, algunos, lascivos y con fijación en las chanclas, puesserían fetichistas, se les encendían los ojos y se les abultaba el bañador cuando nos veían caminar y sus pollas subían al ritmo de nuestro acompasado chancleteo, algo seco, eso sí, pero como unas autenticas flip flops americas.
Nos dirigimos a una de las piscinas, pues había varias, e inclusodos para niños, y nos zambullimos en ella dejando la camiseta y las chancletas en el borde de la piscina. No estuvimos más de quince minutos pero cuando sacabamosla cabeza del agua, nos dimos cuenta dx que algunos bañistas se fijaban ne nuestrasa chancletas con lujuria y lascivia. Claro está que las de mi vecino tenían embobados hasta a los niños al ver que eran tan enormes. Alguno hubiese querido quitárnoslas pero sabían que esábamos pendientes de ellas.
Nos salimos de la piscina, nios pusimos las sudaeras y nos calzamos las chanclas con una facilidad pasmosa pues parecía que siempre habíamos caminado en chanclas. La verdad es que teníamos mucho estilo y las manejabamos con destreza. De hecho, cuando estábamos en cualquier bar de una piscina así vestidos, y estábamos sentados en los taburetes pegados a la barra, mientras tomabamos un gin, moviamos nuestras chanclas a nuestras anchas por el ro métalico que tenía abajo el taburete e incluso a veces, para provocar, las dejábamos caer con gran estrépito al suelo y quienes eran fetichistas de la cosa, se quedaban con las ganas de venir a cogerlas, besarlas y ponernoslas. Nosotroslo notábamos claramente.
Nos alejamos de allí y nos dirigimos a una zaona arbolada que había al fondo del recinto que estába provisto de bancos largos y bajos y algunas duchas cerradas para los bañistas.
Fui a sentarme en un banco mientras mi amigo se sentaba en uno que había enfrente para busxcar algo íntimo en su mochuila. Yo me entretenía con algunas remitas que había cogido y con mis pies jugaba con mis chanclas que por aquellow parajes estában a sus anchas. Me fije en las enormes chanclas anarillas de mi vecino y no comprendía como podía tener un pie tan enorme. A mí me hubiesen sobrado casi la mitad. ¡Menudas palas! A mí, con sólo verlo, me la estába poniendo dura aunque yo quería disimular pues era hetero y él también.
Se acercó y se sentó junto a mí muy alegre y contándome cosas de sus estudios en arquitectura. Yo le contaba cosas de la clientela de la tienda de deportes en donde trabajaba pero a él no parece interesarle este asunto. Se percató de que yo me dí cuenta de que nome quitaba ojo de la bragueta y de mis chanclas. Pero también él notó que yo no quietaba ojo de sus impresionantes chanclas havaianas brasileñas.
Se aproximo. Mirába fijamente mi bawñador. Me decía que él no solía hacer nada con los tíos pero que los tíos en chanclas le ponían. En realidad a mí me ocurría igual. Empezó a tocarme la bragueta y a besuquearme por el cuello mientras sus pies seguían jugando con sus chanclas. A mí al principio no me seducía pero cuando contemplába como jugaba con sus chanclas para que yo me excitase, ganas me entraron de follármelo. Metió su enorme mano en el bañador y estuvo acariciándome la polla con suavidad. A veces, con la mano medio cerrada, me cogia los cojones y con wel pulgar y el índice de la misma mano derecha, me hacía un anillo en la base de mi verga. Estas maniobras, que al principio parecía inocentes, fueron a más y hasta quería quitarme el bañador aunque yo no accedía.
Me había puesto caliente aquel grandullón. También me acerqué a su bañador rojo y metí la mano por encima. Enseguida noté que allí no había más que polla y que estába tan empalmada que yo no podía abarcarla toda. Opté por masasjearla y hacerle cosquillas en los huevos. Esto parece que lo animó aún más pues yo ya no tenía suficiente mano para tant a polla. Aun así, intenté hacer un anillo con los dedos, como lo había hecho él, y pasarlo de arriba a abajo de su enorme pollón que era casi del grosor de mi muñeca. Dudabas de que algún compañero de su equipo no hubiese sido blanco de sus caricias pues verle solamente la polla en erección y sus chancletas havaianas ya eran reclamo suficiente. Además sus claros ojos azules eran una delicia.
Se puso en pie y me quito suavemente las chanclas. Se alejo hacía un surtidor que habá más arriba y allí se quito también las suyas y las estuvo lavando aunque eran nuevas pero habían cogido algún polvo de andar por la vereda de la piscina que allí nos condujo.
Volvió a donde yo estaba descalzo y me dio sus chanclas que incluso noté que pesaban mientras el se quedaba con las mías. Aunque no sabía lo que haría, no tardé en descubrirlo. Me quito el bañador y él el suyo. Se arriodilló frente a mí que estaba sentado en el banco y con mi polla ya tiesa en esos momentos, acerco a mi pollón mis chanclas que tenía en las manos, pues yo tenía las suyas en las mías, y empezo a sopesar mi polla con ellas y me las pasaba por debajo y por los cojones para que yo sintiera eln gusto que daba el roce de su piso en donde estaban grabados dibujos de rombos. A mí, ya con esto, me tenía ganado, y mientras él usabamis chanclas como raquetas de tenis, haciendo ir y venir mi polla entre ellas, sabiamente manejadas por el jugados de balonces, yo no sabía que hacer y metí mismanos en sus chanclas, como si fueran los pies, porque sabía que ya no había marcha atrás.A mí, aquel vaivén de mi verga dentro de mis propias chanclas, ya me hacía babear y dar gemidos de gusto, mientras blandía las suyas que me había puesto en mis manos.
Mi vecino dejo mis chanclas en el suelo y se acercó a mí. Sabía lo que había que hacer. Cogió con dos dedos mi polla, como el que va a fumar un cigarrillo, y se llevo mi polla a su boca. Se la metió y, al principio, solo trabajaba con los labios. Se la tragaba entera y sus labios iban hasta la base de mi polla. Si hubiese querido, hasta me hubiese comido los huevos con polla y todo dentro. Que bien lo hacía este joven mamador. Mis gemidos iban en aumento con aquellas maniobras. Como no quería hacerme daño, luego cogió mis huevos y los metió completamente en su boca. Lamía ferozmente mis cojones e intentaba separarmelos un pco con su lengua para darmemás gusto y hasta lo consiguió. ¡¡Qué placer...! Los hubiera dejado al`lí dentro media hora pero todavía no había llegado el or5deño. Tal era mi placer que hubiese dejado horas y horas mi polla en aquella boca linda y caliente que me proporcionaba un placer celestial. ero no todo acababa aquí. Pronto dejó de chuparme la polla.
Saco una toalla de baño y la puso en el suelo frente al banco. Me dijo que le diera sus chanclas y que me tumbara verticalmente sobre la toalla. No sabía lo que íba a hacer pero no tardaría en descubrirlo. Se sento en el banco y se calzó sus enormes barcas con facilidad. Memrió y, como vió que tenía la polla como una bala, levanto un poco las piernas y empezo a pasar las suelas de sus chanclas por mi vientre, mi pecho, por la cara como si yo fuera su esclavo, y finalmente las metió en mis inglés bruscamente provocandome un fuerte dolor pero en un momento mi pollón quedo atrapado entre las suelas de aaquellas barcas. Yo luchaba por escapar pero era inútil. Aquellas chanclas maniobraban hábilmente bajo la dirección de losz piwes de mi vecino. Al principio me asusté pues las chancletas me dominaban por completo la polla, los huevos, las ingles y casi todo. Las sacó de ahí y, por unos momentos, creí liberarme, pues estaba asustado, pero no pude. Rápidamente llevo sus suelas sobre mi cara y las posó suevamente sobre mis mejillas. Ya sólo veía los surcos gravados en sus suelas antideslizantes. El olor sí me gustaba pues estaban limpías. Puso trasversalmente una de las chanclas sobre mi boca ordenándome que le besara la suela, lo que hice como un esclavo aunque casi me ahora. Allí lamí todo lo que pude aunque me ordeno que lo hiciera también en los recovecos, pero eso vendría después. Luego me puso la otra yme pidió lo mismo. Empecé a besar y a lamer y hasta la polla me crecía por momento. Este tçio era un verdadero experto. Cuando hizo todo esto, bajo con sus pies calzados por mi pecho, mi vientre y mis incles, lo que me asustó nuevamente. Esta vez estába el tío totalmente decidido. Desopués de restregar las chanclas entre mis ingles para acab ar de secarlas, apriosionó sus chanclas sobre mi polla y la dejo completamente inmovilizada. Yo notaba los cantos de las chanclas en mi verga y las suelas en mis huevos. Como enpezó a pajearla con cierto ritmo mi polla era totalmente esclab¡va de aquel gigante. Si hubiera querido, hubiese hecho una torilla con mis huevos sin que yo hubiese podido evitarlo. Pero él no quería eso, sino proporcionarme un placer sublime.
Metió sus brazos entre sus nalgas para alzxar sus piernas y sus chanclas y, como un verdadero experto, comenzó un ritmico movimiento de arriba a abajo con los cantos de las suelas de sus chanclas sobre mi polla y yo veía salir de vez en cuando mi capullo entre sus pies y sus chanclas. Aquel movimiento con aquel roce acompasado de los cantos de sus chanclas en mi verga la tenían trastornada y la dominaban completamente.
Dejó de hacer aquello y me ordenó que me sentase nuevamente en el banco mientras me entregaba otra vez sus chanclas, diciendo que ahora me lo haría aún mejor, locula era ya dificil. Con mis chanclas en sus manos, me entregó las suyas nuevamente y me dijo que practicaría todavía varias maniobras sobre mi polla pero que yo no debía gemir. Aunicamente me ordenaba qaue lamiera, besara y cupara sus chanclas por todos sus rincones sin dejar de hacerlo mientras él continueba su labor. En otro caso, podrá causarme daño.
Obedecí y el inició el juego anterior. Men pasaba suavemente las chanclas por mi polla yh por mi capullo, rozándolo muchas veces con las suelas, lo qaue me causaba un dolor grande, pero luego, cjuriosamente, se tornaba en placer celestial. Me dijo que yo podía hacer de todo pero, mientras me volvía a traginas la polla, me ordenaba que comenzara a chuparle las chanclas y que, si en algún momento me apetecía, por dolor o placer, debería morderlas con fiereza. Continuó batiendo ritmicamente mi polla de una chancla a otra pero procurando que no se saliera y que, en cada movvimiento, quedase sujeta por las tiras de goma azules (no se olvide que me pajeaba con mis chanclas). Yo hacía lo que podía pero cada vez me encontraba más excitado. Cuando incrementtó el ritmo, me apliqué a chupar y lamer las chanclas. Mientras seguía ritmicamente con susmaniobras, empecé a pasar mi lengua por todo su piso, empezando por el talón. Iba subiendo hacia arriba, pero no dejaba delamer solo el centro, sino también las esquinas y los cantos de las suelas. Al llegar aquí, mientras yo aplicaba mi lengua a donde se incrustaban las tiras amarillas de las chanclas por detrás, el cogió las suyas, puso las suyas lateralmente y me masturbaba subiéndolas y bajándolas a lo largo de mi verga. Yo seguí chupandolas dos chanclas, una tr4aas otra, por el piso y los bordes, y ya me acercaba arriba, cuando otra oleada inmensa deplacer me hizo aullar. Como castigo, me ordenó que lamiese las suelas y los lugares en donde entraban las tiras en las chanclas. Lo hice y, aunque tenían algo de polvo del camino, creo que las deje más limpias que una patena.
Algo, finalmente, me había sobresaltado. Dogió mi polla y la metió entre las tiras de las chanclas por el lado en donde se mete el dedo gy empezó a sacudirlas con violencia. Como me ordenó que no aullara y mi placer había llegado al cenit, cogí sus chanclas y empece a morderlas por los talones. Luego seguí más arriba y mefui a la parte delantera en donde modi también con una fuerza increible. Sentía tal excitación que estába fuera de mí. Si hubiese podido me las hubiese tragado. El tío cogió la otra chancla y empezo a hacer los mismos manejos. Yo seguí mordiendo las chanclasn y hubiexe querido taladrarles las suelas pero no lo conseguí pues, aunque dejé toda mi de4ndura grabada en casi todos los rincones de la chancla, como tenía un grosor de unos 3 cm, mis incisivos y mis caninos sólo la taladraban hasta la mitad apróximadamente.
Comoaquel tio seguía aplicandome en el glande la parte de las chanclas opor las que se mete el dedo, yo no dude, aunque creía que el tío iba a destrozar mi pollón que se estrellaba entre las dos tiras y el piso de la suela, y a veces saklìa hasta el borde de las suelas de las chanclas (el canto). Esto fue definitivo. Mi corrí sin remedio, pues él era mi dueño,varias veces, una de las cuales fue a parar a sus hocicos que se relamían de gusto de ver lo que había hecho conmigo. Yo, entretanto, mordía una de las tiras de la chancla derecha como una fiera y, como no pude taladrar la suela, mordía con tal fiereza mientras me masturbhaba inmisericordemente, que logré partir una de las tiras, la del exterior del piel, con lo cual, dejé sus chanclas inservibles. Él era fuerte,m pero yo tenía más cojones que él y, aunque logró vaciarme como a un cantaro, tamjbién yo logré dejarlo descalzo.
Como soy hetero, no le comí la polla, pwero si seguimos frecuentandonos, seguramente tendré que dejarle que me folle como le salga dela polla. mamándole previamente la polla, que seguramente no me cabrá en la boca, con lo que corro el riesgo de ahogarme con su tranca que querrá metermela hasta la campanilla, porque lo leí en sus ojos.
Si este tío tiene novia, con dos corridas que le dé una noche, la deja para el arrastre porque, o la ahoga, o le rompe el culo y el coño con ese pedazo de pollón que tiene el tío. De todas maneras: ¡Qué bueno está...!