• 4460 Miembros
  • 543 Autores
  • 5457 Relatos

DETALLES RELATOS

Detalles del relato llamado "Por infiel, inicié a mi esposa en la prostituc (8)".


Por infiel, inicié a mi esposa en la prostituc (8)

Enviado el: 29/06/2013 a las 02:25:57 Categorizado en: Confesiones

Al momento de entrar al reservado del bar-salsa, conducidos por el barman, que había visto todo lo que pasó entre mi sexy esposa Andrea, y el musculoso pelirrojo que se nos había unido, una corriente eléctrica nos tenía unidos y atrapados a los tres….

Esa corriente eléctrica que ardía en nuestros cuerpos, y acaloraba el ambiente, era la presencia del sexo, que quería expresarse y fluir. Era el erotismo vivo que estaba acelerando nuestra respiración, y nuestros latidos.
Al sentarnos, nos sentimos cómodos en ese ambiente tan íntimo, pedimos más cervezas, y cerramos las puertas. Andrea estaba despampanante, parecía que hervía de deseo. Luego de un buen rato, con algunas frases sueltas; y otros instantes de silencio, el pelirrojo Jaime, dirigiéndose a mi esposa le preguntó: “Andrea, déjeme decirle que usted tiene una belleza sin igual, y su cuerpo es hermoso. Dígame: ¿En qué burdel de la 18 está usted trabajando?
Al oír esta pregunta, mi esposa perdió el control, y sonrojada y sonriendo, se puso sus dos manos en las mejillas, quedando en silencio, mientras me miraba suplicante. Yo, haciendo un rato de silencio, respondí con seriedad y serenidad: Amigo, Andrea no es prostituta, ella es mi esposa.
El pelirrojo; sorprendido, se tiró para atrás…”Como…entonces…” dijo, mientras miraba las sensuales piernas de Andrea.
Yo sonriendo con suavidad repuse: “Solo es un paseo con poca ropa, una fantasía de esta bella, que tuvo el antojo de mostrarse…por aquí”
- Ohhh…ya entiendo, entonces….yo le pido a usted mis más sinceras disculpas por lo que pasó, dijo él.
- Amigo, siéntase tranquilo, ella es mi esposa…pero también es una mujer.
Estas últimas palabras mías, rompieron toda la formalidad en el ambiente, y tuvieron el efecto de poner nervioso a Jaime, quien parecía no entender bien lo que yo quería decir, que en realidad era: “Vamos, es mi esposa, pero es también una mujer, y una puta, vamos…atrévete a conquistarla delante mío sin miedo, y culea con ella”
La que parece que tampoco entendía nada, era mi esposa Andrea. Ella, inflamada del fuego de la carne, y profundamente nerviosa y agitada por la tensión del momento, temía por mí, que sea yo capaz de estar tramando algo, tal vez violento, o esté quizá disfrutando de ese momento erótico, y luego….”reconociendo mi debilidad por ese hombre termine por….¡¡Dios mío!!” Así pensaba, y se estremecía.
Yo decidí que los sucesos tomaran otro rumbo.
- Bueno…Vamos, les dije, vámonos de aquí, y dirigiéndome al pelirrojo repuse: “Jaime, ¿quieres seguir acompañándonos?” El señaló: “estoy con ustedes, iré donde deseen”
Después de tomarles unas fotografías posando juntos, salimos del bar, y de la zona de la 18, dirigí mi carro al centro comercial San Marino. Le pedimos a Jaime que nos espere en un café del patio, y llevé a Andrea a un sex shopping a comprar lencería fina. Andrea, un poco confusa, pero presintiendo mis verdaderas intenciones, escogió conmigo algunas de las más sexys prendas, y algunas transparencias, que ella eligió presa de una creciente excitación sexual.
Al salir, recogimos al pelirrojo, compramos dos botellas de un fino Brandy, y nos dirigimos a nuestra casa. Al llegar allí, nos dirigimos a la sala, y tomando del brazo al enorme pelirrojo, le dije. “Este es nuestro hogar, siéntete bien, y disfruta los momentos que va a pasar con nosotros, y cuando salgas se discreto en todo” El, todavía sin entender mucho, dijo que así lo haría.
Abrimos una botella de Brandy, y comenzamos a beber unos tragos con él. Luego delo cual, ella, aunque estaba visiblemente nerviosa, se puso más receptiva, momento en el cual intervine de manera decidida.
- Andrea, ¿No crees que hace algo de calor? Quiero que vayas conmigo dentro y te pongas algo ligero. Jaime ¿te gustaría ver a Andrea luciendo una de las prendas que adquiridos en el Shopping? Jaime, sorprendido, y algo anhelante, se apresuró a decir que sí. Andrea estaba al borde del pánico, y al llegar al dormitorio me dijo sofocada: “que vas a hacer, que vas a hacer”, nada, le dije, solo quiero que te pongas este traje de baño rojo de una pieza, y salgas conmigo a la sala.
- “Pero…él está allí” me dijo suplicante y extremadamente excitada.
- ¿No querías lucir tu cuerpo? Hace un rato lo hiciste en la calle, ahora solo lo harás para nosotros, cámbiate ya, te esperamos. Y salí. En la sala, el pelirrojo, algo expectante, quería entender lo que pasaba. “Que ocurre? me dijo. Espera, ahora viene lo más espectacular de la noche. ¿te gustaría ver a mi esposa en traje de baño? El abrió los ojos grandemente, y sonriendo me tomó del brazo: “eres tremendo…” me dijo.
- ¡¡Andrea, sal ya!! Le grité desde la sala, y Andrea no salió. después de un corto rato, ingresé al dormitorio, donde Andrea; indecisa, tenía ya puesto el sexy y apretado traje.
- ¡¡Hay, mi amor, tengo miedo de salir!! Decía temblando de temor y excitación. Yo tomándola suavemente de la mano, la conduje en dirección de la sala. “colorado”, le dije sonriendo a Jaime, “quiero que contemples a la mujer más sexy del mundo”, y me senté en un sofá. Y la invité a salir: “¡¡Andrea, sal ahora!!” y ella, nerviosa y muy lentamente, hiso su apasionante aparición.
La mujer que se mostró ente nosotros, era la hembra más provocadora que yo había visto jamás. Ese traje de baño rojo de una pieza la hacía ver como una esplendorosa bomba sexual, parecía una escandalosa puta deseosa de mostrarse y ser culiada con empuje por hombres duros como nosotros. Ese traje hacía que sus curvas sobresalgan de manera deshonesta e impúdica, y sus anchas caderas y senos eran una viva invitación a someterla y violarla repetidamente. Al pedirle que se dé la vuelta, los cachetes de sus grandes, redondas y perfectas nalgas, se desbordaban con morbidez y voluptuosidad de los bordes del traje, con una indecencia que convirtió a mi verga en un duro garrote, mientras el pelirrojo, con una mirada delirante, se sobaba un bulto en su pantalón, que parecía no esconder una verga, sino un bate de beisbol. Ella, entretanto, con sus lindas mejillas sonrojadas por el rubor se la veía muy tímida, pero después de un momento de duda, arrebatada por una sensación de fuego, y el anhelo que la quemaba, la impulsó sin pensarlo a caminar de un lado a otro, posando de manera tan provocativa, que solo una ramera indecente lo haría con tanta gracia y poder sexual.
Al fin veía a mi esposa transformada, seducida por la carne, convertida en una hembra de verdad, Una mujer caliente y prohibida, deseosa de explorar su escondida sexualidad y mostrarse en la intimidad, de manera privada ante un desconocido.
El “colorado”, comiéndose a Andrea con los ojos, se sobaba la verga sin ningún temor de mí, mientras yo filmaba estas y otras escenas.
Luego de unos instantes, en que solo se oían las respiraciones agitadas de dos anhelantes machos, le pedía a Andrea que salga, y regrese puesta otra prenda sexy para nosotros. El “colorado” Jaime, encendido de deseo, se aprestó a disfrutar lo que para el parecían cuadros de una excitante exposición pornográfica.
Andrea volvió a salir sin demora, un poco más desinhibida. Calzada en unos elevados tacones blancos, se había puesto un lujosísimo y atrevido traje de seda tan transparente, que parecía no estar vestida, y que la hacía lucir putísima. La sensualidad de este traje era muy intensa, debido a que los redondos, grandes, y excitantes senos de Andrea, resaltaban de una manera viva y provocadora. Su hermosa y estrecha cintura derramaba carnalmente hacia abajo sus amplias caderas, y las despampanantes piernas de Andrea, atraían nuestro morbo de manera desmesurada. Era muy difícil imaginar una mujer más sexy y deseable que ella.
El traje terminaba en una tanga, cuyo finísimo hilo delantero cubría apenas los labios de su abultada y rosada vagina, dejando expuesto sin ningún pudor una mata de abundante y suavísimo vello negro, que salía y se desbordaba por los dos lados de la parte inferior de su traje.
Esa visión tan carnal y atrevida nos elevó hasta la locura, y mi pene había crecido tanto, que quería salirse del pantalón. Totalmente sobrexcitado, atraje de la mano a mi esposa hacia el enorme y mullido sofá donde estábamos sentados contemplándola, y acaricié sus negros y sensuales vellos. Luego, invité al pelirrojo a hacer lo mismo, mientras Andrea; ya sin temor, gemía de deseo.
Luego, me levanté, puse una música suave, y sacándome la camisa que llevaba le grité al pelirrojo, que se lo veía a punto de estallar: “¡¡Vamos colorado, saquémonos la ropa para hacer también nosotros nuestro show!!” Acto seguido quedamos solo en bóxer, mientras Andrea, encendida de deseo nos contemplaba sentada en el sofá, mientras se tomaba tentadoramente los costados de su cabellera sonriendo con cierta vergüenza, con los ojos encendidos de lujuria.
El pelirrojo, mirándome por un instante, se puso enfrente de mi esposa. De su bóxer, y sobresalido de un costado, se le asomaban unos 15 cm de una verga escondida que parecía ser descomunal. Andrea estaba temblando ante el adelanto de algo que la estaba ya llevando a la locura. Extendiendo la mano, el colorado la levantó del sofá, y tomándola de su cintura la empezó a mover cadenciosamente al son de la sensual música que los envolvía. Andrea, después de un momento de indecisión, puso sus brazos sobre sus hombros, y se apegó hacia el con una actitud que era en realidad una entrega. El “colorado” empezó a recorrer con sus manos el espectacular y carnoso cuerpo de mi esposa, besándola en los labios; mientras ella gemía dulcemente como una hembra virgen, con los ojos cerrados.
Ante el asombro de Andrea, el “colorado” la apartó por un instante, y quitándose el bóxer, se sacó con viril ostentación una verga colosal, una formidable verga durísima y erecta de cerca de 35 cm de largo, sumamente gruesa, con una cabezota gorda y roja que mi esposa tomó con sus dos manos, mientras su cuerpo temblaba, y le corrían en el interior de su ardiente vagina, unos jugos que la hacían estremecer de deseo de ser poseída por ese vigoroso y gigante macho.
El “colorado”, sin perder tiempo, le bajó la cremallera del transparente y sexy traje blanco de Andrea, despojándola de esa inútil ropa, quedando expuesta su hermosa desnudez delante del robusto y excitado pelirrojo, que acto seguido, y tomándola con vigor por la parte trasera de sus muslos, la elevó, llevándola con apasionada decisión a un mueble que se hallaba en un costado, a la altura de su cintura. Allí, bufando con fuerza, le soterró con enorme violencia, y de un solo golpe su gigantesca verga de caballo, en la jugosa y complaciente chucha de Andrea.
Mi esposa, sintiendo el empuje de la inmensa verga de ese animal en celo, lanzó un grito desgarrador, mientras lanzaba para atrás su cabeza. El “colorado”, después de enterrar en lo más profundo del vientre de Andrea su poderoso miembro, muy despacio, y con mucha delicia y goce, empezó a meter y sacar el macizo pene, húmecido por los ardientes fluidos de la deliciosa vagina de mi esposa. A cada entrada de la verga del “colorado”, Andrea; con los ojos cerrados, hacía con sus labios una aspiración de placer, produciendo un sonido de gozoso placer: SSSSSSSSS… AHHH, SSSSSSS…AHHH, SSSSSSS…AHHH, y disfrutando su condición de mujer deseada, se dejaba penetrar por ese hombre, que la estaba culiando como una puta.
El “colorado”, completamente fuera de sí, y con la verga dentro de ella, la izó llevándola contra una pared, y sin control alguno le dio verga con empujes poderosos y anhelantes diciéndole: “¡¡Puta…eres mi puta, te está culiando un macho arrecho, puta rica..!!”, y la penetraba con empeño, con el poder de un macho vigoroso, que hacia suya a la más deseada de las mujeres.
Mi esposa, con la boca abierta jadeaba, gemía, y gritaba sin ningún control. Se sentía llena de esa gigantesca verga que la desgarraba, haciéndola sentir desvergonzada y puta. Yo, completamente arrecho, y mi grande verga a mil, filmaba cada detalle de la brutal y codiciosa posesión, mientras el “colorado” llevaba al clímax a su hembra, mi hembra.
Andrea pidió jadeante: “Llévame al sofá…llévame al sofá”. Y el “colorado”, con su verga dentro de ella la levantó poderosamente. Allí, mi esposa se montó encima de ese gran miembro, bajando y subiendo con un ritmo que fue creciendo, mientras ella, con sus ojos cerrados se enterraba esa verga de caballo dentro de ella. Después, el ritmo que imprimió Andrea se hizo más y más rápido y frenético, hasta que en medio de grandes gritos y alaridos de placer, los dos se corrieron con un gran orgasmo simultaneo, mientras el semen del colorado; que parecía inacabable, corría por los bordes del sofá, haciendo un gran charco en el piso.
Después de ello mi esposa, jadeando, suspirando y plenamente satisfecha, se quitó la gigantesca verga del “colorado” de su dilatada vagina llena de semen, recostándose en el pecho de su macho, quien la besó despacio y gozosamente en la boca. Yo, miraba y filmaba ese sorprendente espectáculo de posesión consentida por mí.
Mi esposa terminó de levantarse, y se dirigió a ducharse, mientras yo la seguía filmando. Allí ella, entornando los ojos me abrazó y me besó con ternura. “gracias…gracias mi amor por permitirme| esto” “te lo mereces, una hembra como tú merece ser culiada de esta forma. Siento que ahora, eres ya la más arrecha y deliciosa de todas las putas”. Ella sonriendo se enroscó sus brazos alrededor de mi cuello, y con una expresión de agradecimiento y cariño me dijo: “mi amor…te amo más que nunca”……..CONTINUARÁ

7.3
1233 visitas. 30 votos.


COMENTARIOS


Nombre de Usuario:

Clave de Acceso:

Mensaje